miércoles, 27 de octubre de 2021

"El cartero del rey"

Creación colectiva - Sobre textos de J. Ortega y Gasset y R. Tagore - Pinturas y preguntas hechas por las chicas y los chicos del Patio de los libros, talleres 2021.

 

 


domingo, 10 de octubre de 2021

Vivir, osar vivir

 

Vivir, osar vivir

palabra desnuda

entre tanto escombro.

 

 

Rosa Cedrón

La casa de las luciérnagas

domingo, 3 de octubre de 2021

Oda a lo pequeño

Agradecemos a Denise este bello descubrimiento que acompañará los días... y las noches... de algunos empecinados habitantes del patio...

jueves, 26 de agosto de 2021

¡Avanti, Morocha!

“Cuando el hombre logró ponerle pedales a su propio equilibrio, inventó la bicicleta”, escribió García Márquez hace más de 70 años y sigue siendo la mejor definición sobre el génesis de uno de los artefactos más lindos del mundo. Junto con los libros y las mochilas, las bicis tienen la virtud de ponernos en situación de viaje porque, por más que el traslado sea breve, resulta difícil pensar en que el/la ciclista esté tomado/a por cualquier tipo de humor espeso.

Así como la natación aliviana la densidad corpórea, al bicicletear nos liberamos de ciertas adherencias viscosas que nos acompañan mientras no pedaleamos. Inclusive hay una felicidad anticipada desde el momento en que nos montamos en la bici, como si ya sintiéramos los armónicos placeres de un movimiento que tiene mucho de musical: hay ciclistas chopinianos –mis preferidas/os-, los hay mozartianos, están los valseados, los canyengues, los rolingas y tantos más.

Lo que no hay es especímenes sordos al silbido melodioso de su propia dicha ciclista. Esto forma parte del prodigio de haberle puesto pedales al equilibrio, y emparenta a los amantes de la bici con los mochileros y los lectores en el sentido de que es raro verlos ofuscados. Más bien sucede que en los tres casos las contrariedades llegan de afuera: los ruidos que dificultan la lectura, las complicaciones que el mundo burocrático suele imponerle a quienes portan mochilas, y los pinchazos que cada tanto afectan a los ciclistas. Para estos últimos, el caso más grave es –sin dudas– el afano de la bici amada, cuya pérdida se vive como angustiosa y súbita orfandad.

No hay ocasión más triste para visitar el templo –la bicicletería– que cuando acudimos a ella para procurarnos una nueva bici que reemplace la que nos fue hurtada. Es muy probable que antes de ese día nos dé alcance la bondadosa solidaridad del amigo fiel que trae la que él tenía arrumbada en un garage por falta de uso. Aún así, el encuentro con el bicicletero es parte del trabajo de duelo que fuimos postergando: ¿cuál elegir, la que más nos gusta o mejor una que no genere tentación?

Juntados los mangos y superado el trance, viene toda esa etapa de adaptación no exenta de trastornos –chirridos nuevos, el asiento no tiene la altura adecuada, los cambios pasan con cierto esfuerzo–, todo lo cual nos pone al borde de la lírica de la nostalgia. Sin embargo, ya estamos pedaleando de nuevo y ello nos va sintonizando con nuestro latir ciclista y con esa sinfonía que sólo escuchamos al bicicletear.

Andar en bici es una de las tantas maneras de transitar por la vida, un particular estado de ánimo que hasta resulta contagioso cuando lo vemos en las películas. Cada quien elegirá la escena ciclista que más le cuadre: sin descartar otros recortes, en mi caso haría un compilado con las de Nina Hoss, la actriz que acaso más fotogramas haya pedaleado.

Es por eso que nos regalan bicis o las regalamos, que las subimos en los andenes urbanos o las despachamos para reencontrarnos con ellas en un balneario… ¡Si hasta llegamos a comprarnos una “playera” en plena abstinencia veraniega! Y por favor no me digan que mejor es caminar o trotar, o cualquier otra chapucería al uso entre los cultores del bienestar físico. La bici es otra vaina: es tan espiritual como bailar con la propia sombra, y volver a decir cada vez: ¡Avanti, Morocha!

 

Carlos Semorile

 

lunes, 2 de agosto de 2021

Mariposario

 

En el barrio tenemos una amiga que ciertas mañanas espera el vuelo de una mariposa. Se levanta, ha asistido a todo el proceso, sabe donde tiene que poner los ojos y la espera. Es inutil darle cita a esta amiga en uno de esos días, porque no se moverá de su banquito hasta que la mariposa no salga, no despliegue alas. No vuele. A pocos metros de ahí, dos o tres cuadritas más allá, vive Florencia, quien durante un largo tiempo preparó lo suyo. Para saber más sobre este Mariposario, de autoría compartida, madre e hija, se le puede escribir (Flor.knoblovits@gmail.com). 

También se puede consultar vía Instagram (AQUI). O seguir las pistas que ofrece esta otra creación. Y así...

 

 


sábado, 31 de julio de 2021

Arte al paso


Tras un largo tiempo de en casa estar.

Por culpa de un virus sin piedad.

Obedecemos protocolos para poder estar.

Cada vez más aislados de los demás.

Después de tanta oscuridad.

Surgió un faro de amistad.

Creamos lazos de felicidad.

Compartimos momentos de creatividad.

Canciones al paso, lecturas y más. 

Sembramos girasoles que despiertos ya están.

Disfrutamos momentos para recordar. 

Y en las veredas volvemos a jugar. 

Un verano diferente, entre árboles, juegos y talleres. 

Que el viento nos lleve al encuentro. 

 

Luca Fucci Ugarte (13 años)

 

 




La experiencia de las Muestras al paso se desarrolló durante el año 2020 en Villa del Parque y otros barrios, así como "Un verano diferente" (2020-2021). Ambas experiencias de encuentros barriales tomaron en cuenta las normas sanitarias vigentes. Se reproduce el texto completo y algunas imágenes del libro miniatura realizado por Luca que participó en estas propuestas vecinales. 

lunes, 19 de julio de 2021

El aquí y ahora de Korczak


Varsovia, Polonia, 1933-34, Janusz Korczak junto a la orquesta del orfanato Dom Sierot

 

“Cuando yo era grande, cuando algo me importaba, hablaba mejor. Puede que a los niños les suceda al revés. Cuando algo les importa mucho, se les hace difícil hablar, aunque se sepa. Como si sintiéramos vergüenza de no hablar como se debe. Porque es triste tener que hablar científicamente en la escuela para lograr una nota, un elogio o una reprimenda, y no como se siente en realidad”.

“Pero es que los niños son necesarios en el mundo y exactamente como son”.

 

Janusz Korczak, autor de estas líneas, es educador. También doctor. Nació y vivió en Varsovia (1878-1942). Por ciertas condiciones de su muerte, se corre a veces el peligro de que esa muerte oculte su vida y su obra. Lo que sorprende es la manera en que están entrelazadas. Su vida, su obra, su lucha. Su opción por los niños. Por las  infancias, en su irreductible particularidad. Aquí y ahora. Ese aquí que fue Varsovia y ese ahora de la primera mitad del siglo XX. Muchos educadores lo saben y se ocupan de que su obra se siga conociendo. Lo que tuvo de pionera. Lo que le debemos. Lo que sigue siendo actual. Su diversidad. Una parte puede conocerse a través de sus escritos. Algunos están disponibles en castellano. Por ejemplo, Si yo volviera a ser niño (de ahí son las citas).  

Andrzej Wajda le dedicó una película. La versión que se reproduce está en polaco subtitulada en francés. Pero puede verse en italiano subtitulado en nuestro idioma (VER KORCZAK SUBTITULADO EN CASTELLANO AQUÍ). 

Sirva esta breve nota para recordar que previo a los hechos narrados en esta película, este maestro tuvo a cargo el orfanato de la calle Krochmalna durante treinta años y que es una vida entera la que dedicó a los niños que estuvieron a su cuidado.