viernes, 18 de mayo de 2018

Agradecimientos


Tardío pero meditado agradecimiento a Fernando y Mercedes, de Cura Malal, mayo 2015

El autor visto por Azul C. - Cura Malal


"Premio al mérito,
por cuanto MP,
colaborador/activo
de la entidad",
dice...


Y yo, MP digo
qué premio alcanzarles
a Fer y a Mercedes
moradores
tiernos anfitriones
de un territorio donde
es posible ver en
mañanas claras, cómo
se juntan el Cielo y
la Tierra allí,
al fondo de la llanura..?
O en amaneceres de espesa,
cerrada niebla,
adivinar sombras
rumores
gritos callados
de malones desesperados..?
Tierra de domadores, jinetes, cantores
aire habitado de
bordoneos,
de milongas y payadas en el horizonte.
Todo trenzado
con finos cueros que gritan
mudos
para no molestar
a los cantores que dan su voz
a ese silencio...
("Cordajes que yo daba por muertos
resucitados: recobran en mi mano
el peligroso desvelo de la música")

"...extendiéndole este hueso representativo
de estas tierras..."

me dicen
les digo,
hueso
ya límpido
seco
humilde,
ya grandioso
de historia futura,
enhuellado por los aires
lluvias
veranos incandescentes
inviernos de crudas heladas
y otros trabajos del Cosmos.

Hueso, huesito que me amarra
a esta Tierra,
como Mercedes se amarra a la suya
soldando fierritos como partículas
que fueron
que son
y que serán después
átomos indestructibles y
misteriosos
del Universo


Hueso, huesito que viajará
a la tierra que habito
lejana
extranjera
dura de adopciones.
Seremos dos a estar
solos de estos vientos
solos de relinchos
o del canto de la torcaza
solo de "sirenas y endriagos..."
y por eso solidarios
en la oscura pena de adentro.

Hueso, huesito
símbolo
como el que usa Fer en
sus trabajos sus días,
la estampilla o sello postal
que hace viajar pero
lo ancla a ésta tierra.

Hueso, huesito agradezcamos
a Mercedes
a Fernando que me recibieron,
al Tata que me llevó
con el que goteamos notas
bajo Las Chapas y que te trajo a mí,
a Antonia por su entusiasmo contagioso,
a la niña Azul por serlo,
porque compartimos
los Universos que vislumbré
en unas gotitas de lluvia
colgadas
de un cactus
en la entrada
de La Tranca.




Con mi abrazo fraterno,

MP

lunes, 14 de mayo de 2018

Mercedes Resch y el equilibrio perfecto*


Muestra “Un viaje a Cura Malal” junto a Leandro Vesco. Museo Benito Quinquela Martín del 12 de mayo al 10 de junio. Av. Pedro de Mendoza 1835, La Boca. C.A.B.A. Martes a viernes de 10 a 18 hs. Sábados, domingos y feriados de 11.15 a 18 hs.

En una conversación que tuvo Raúl González Tuñón con un muy joven Tata Cedrón, a fines de los años 60, Tuñón le decía: “lo importante es que un poeta, un músico, un pintor… lo sean en la obra y en la vida. Cuando se da eso… ponele la firma que es el perfecto equilibrio”. Eso es lo que se advierte en la muestra de Mercedes Resch inaugurada el 12 de mayo en el Museo Benito Quinquela Martin. No hay forma de distinguir vida y obra en cada uno de los quehaceres de Mercedes Resch. La compenetración es total. Y quizás, siendo que Mercedes es artista plástica, esta forma de trabajar día tras día le otorgue, por fuera de escenarios vistosos, la condición de poeta. Como también el hecho de que la palabra y cada uno de sus componentes, la palabra letra por letra, estén omnipresentes en sus trabajos. 

El trazo. La huella que deja una voz amplificada por el viento que recorre un pueblo. Cura Malal. La voz de una madre. Raimunda. Su propia huella. Sus esfuerzos. Sus aprendizajes. Una forma de ser, de trabajar, de convivir. Una cocina que puede ser un centro. Gestos. Hermosuras nunca antes nombradas. Hazañas. Paisajes que, como también dijo Tuñón, nos hacen sentir pequeños. De todo eso se nutre esta obra.

Obra de Mercedes Resch


Mercedes Resch nació en Cura Malal, un pueblo del partido de Coronel Suárez, en la provincia de Buenos Aires. Un lugar que Leandro Vesco viene visitando desde hace años, en armonía y en complicidad con sus habitantes de los que ha hecho bellos retratos. Sus fotografías y escritos forman parte de la muestra “Un viaje a Cura Malal” y ofrecen una clave al restituir los rostros y las vivencias de algunos insignes habitantes del pueblo. Don Barragán, los domadores “Mingo” y Zacarías Silvera.

Todos ellos presentes también, junto a Juana y junto a Goya, en la canción que dedicó a este pueblo, el Tata Cedrón (la Curamaleña). 

Escribe Mercedes: “Imagino un paisaje dividido únicamente en dos, abajo los verdesamarillos, casi blancos, y arriba un azul profundo o un celeste transparente y nada más, sin obstáculos, ni interrupciones; un gran espacio limpio para perderse. El ganado cambió el paisaje, o mejor dicho el hombre con su necesidad de controlar, de determinar su propiedad, alambrando todo, parcelando las tierras. Se mide, se estaca, se alambra”.

Ese alambrado es también el principal elemento de sus más recientes trabajos, íntimamente relacionados con la historia del pueblo y la de su propia familia. En particular los alambres desenterrados en el predio de lo que hoy es su casa y un centro cultural de Cura Malal: Corral de piedra.

Un espacio de encuentros que desde hace varios años organiza residencias tanto para artistas nacionales como extranjeros, talleres, muestras que no tienen al pueblo como telón de fondo sino como principal fuente de inspiración y destinatario de cuanto sucede. Y lo que impacta… es que sucede de todo. Desde las muestras más arriesgadas, más surrealistas, a los talleres de costuras, de danzas, la apertura (reapertura) de una pulpería, o los bellísimos talleres destinados a los niños del pueblo. Sin relación de jerarquía, siendo cada uno de esos momentos, parte de un solo movimiento de entrega. Manifestación de un arte genuinamente popular. Hecho codo a codo.

Ahí, entonces, bordeando “El Gallinero”, que es hoy el hospedaje, Mercedes dio con los alambres. Materia prima de sus obras más recientes: 

“José Resch, mi padre, fue el responsable de cavar el pozo que hoy pertenece a La Tranca. Imagino que él fue el último en ver esos alambres (…). Estos alambres fueron parte de algo muy grande y que ya no es. Cuentan parte de una historia. Los tomo, les saco la tierra, solo queda el óxido y empiezo a dibujar con ellos sobre una tela blanca. Los miro, los corro, los toco, siento su rugosidad, sus deformaciones, los acerco, los alejo y finalmente cuando recompongo alguna trama, los coso con hilo negro”.

Algunos de esos trabajos son los que se pueden ver en la muestra que le dedica el Museo Quinquela Martin.

Obra de Mercedes Resch


Se puede escribir sobre la obra de Mercedes Resch, señalar que eso que ella hace (recomponer alguna trama) es el deseo de muchos… Pero su obra no ha sido hecha para ser narrada sino vista, recorrida con los ojos y si se pudiera… con las manos. Tiene la rugosidad de la materia, trabaja con el paso del tiempo, se nutre del paso del tiempo, de presencias fugaces y de ausencias que perduran, se funde con el paisaje, hace cuerpo con cada uno de los elementos que ayudan a forjarla, silencio de los pastizales, susurros del viento que lleva y trae las voces de todos los que alguna vez anduvieron esos caminos.


Antonia Garcia Castro


* Texto escrito para la revista Estrella del Oriente.