jueves, 25 de enero de 2024
viernes, 19 de enero de 2024
Literatura de cordel
Cuando colgamos poemas años atrás (en la calle, usando un cordel tendido en un arbolito, que nos perdone el arbolito), no conocíamos el antecedente de la literatura de cordel. Se dio de colgar y se dio que hubo vecinos que se llevaron escritos "publicados" así y también hubo vecinos que colgaron/publicaron en la cuerda sus propias poesías o escritos. Ni ellos ni nosotros pedimos nunca permiso. Por lo demás tampoco nos conocimos como no fuera leyéndonos. Aunque pareciera diferente no me parece que esa forma esté del todo alejado de los queridos papelógrafos de quien sabemos y los suyos. Al primero que escuchamos hablar de literatura de cordel fue a Rafael Urretabizkaya, en el taller de La Musaranga, que sabe bastante también de andar colgando (es decir poniendo al alcance de la mano) todo tipo de cosas y literatura también. Comparto una nota que cuenta del género literario stricto sensu: literatura de cordel, hermosa experiencia que se prolongó durante siglos. Para seguir pensando (y haciendo). PARA LEER LA NOTA PULSAR AQUI
viernes, 5 de enero de 2024
Dicen que no hablan las plantas...
Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
-Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?
Rosalía de Castro
domingo, 10 de diciembre de 2023
Fragmento de un cuento
“Pensó en su tío. Su tío con voz gruesa y con cara de malo. Solo ella sabía que era bueno. Mucho tiempo tuvo esa creencia de que solo ella sabía que era bueno. Por los paseos. Los paseos de la mano y los relatos. Porque su tío conocía piratas muy peligrosos. Así le dijo una vez o parecido cuando el paseo fue hasta la playa, y la hizo mirar con mucha atención, con muchísima atención algo que no podía ver porque era de noche. Y la noche, al igual que el mar, era inmensa y se podía recorrer sin descanso. Sin miedo. El tío le había contado aquella historia acerca de un ataque al sol. Unos maleantes una vez se propusieron robárselo y lo esperaron, en barcas, en el lugar donde el sol se pone. El sol los enfrentó valientemente pero fue herido por una lanza envenenada y todo se tiñó de rojo alrededor. De ahí el crepúsculo. Durante años, el sol no había vuelto a salir y los habitantes de varios pueblos, como si esa fuera su condena por no haber sabido defender al sol, se habían quedado a oscuras. Siempre mirando al mar, los ojos fijos en el lugar de la caída. Hasta que alguien, el tío no sabía decir quién, y no quería mentir, pero alguien que él suponía podía ser un niño, o una niña, había mirado en otra dirección y sólo ahí el sol se levantó. […] Cuando el sol desaparece, había dicho el tío, tú tienes que dar la espalda al mar. Y el sol aparecerá por ahí. O por allá. Mira bien. Por donde menos lo esperas.”
Ana Vidal
viernes, 8 de diciembre de 2023
viernes, 1 de diciembre de 2023
"El mensaje ininterrumpido..."
“El “duelo” […] es más bien la continuidad de la relación con la persona desaparecida: como si ella se aproximara. Porque con la muerte no se produce un simple hacerse invisible, es también el paso hacia una visión en profundidad: la muerte no sólo arrebata, también algo se acerca de una forma nunca experimentada antes […] esta recepción hasta entonces imposible, se da escuchando el mensaje que surge de quien ha callado:
¡Escucha el soplo! El mensaje ininterrumpido hecho de silencio*
[…]
Está el ser querido que yace en la paz de su tumba, y es quizás el más llorado por su muerte; y está el otro que, a cada cosa que nos ocurre, responde con vivacidad, en diálogo […].
Lou Andreas-Salomé
Rainer Maria Rilke
* Rilke, Elegía primera.