viernes, 15 de mayo de 2020

Aquí se prestan libros


A raíz de iniciativas varias que se han tomado en estos días y de otras experiencias anteriores, se me ocurrió poner una mesa de libros en la vereda. Todavía estoy pensando la modalidad. Lo ideal sería el préstamo, que la gente se llevara y volviera a traer una vez leído. Eso permitiría sacar a la calle algunos de los libros para niños también. Y no solamente libros que son los que uno no está tan apegado. O sea, no con la idea de “desprenderse” de algo que ya no tiene valor para uno sino más bien con la idea de compartir y poner en circulación algo que sí tiene valor. Podría haber música y quizás otros objetos. El principio podría ser el de una biblioteca callejera (¿vagabunda?) pero quizás con menos protocolos y promoviendo la relación de confianza entre vecinos.

Dejo la idea y les pido no duden en compartirme sus reflexiones, sus ideas, su experiencia, otras experiencias parecidas, etc.

Muchas gracias.


Antonia

domingo, 10 de mayo de 2020

Quizás la música


Sucedió que uno estaba en un día determinado (hoy), en un lugar determinado (aquí), en este año del que nadie querrá acordarse y sin embargo… Surgió. Irrumpió. Casi de la nada en una sucesión de búsquedas, de esas en las que uno se pierde y se pierde también lo que uno busca, pasa a segundo plano, porque de pronto se encuentra. Otra cosa. De una manera tan misteriosa que hasta parece que era eso exactamente lo que uno estaba buscando y sin saberlo. En este caso, una música. 

Es cierto que hacía muchos años que no la escuchaba. Es cierto que la primera vez que la escuché era una niña y que me cautivó. Recuerdo muchas cosas de ese momento y quizás es por eso... por cómo era ese día (ayer), en ese otro lugar (allá), en esos años de los que nadie quiere acordarse tampoco y sin embargo… era la penumbra del cuarto, el calor de la estufa, la presencia de los seres queridos… 

Puedo imaginar que al escuchar esa música imaginé que la vida podía ser algo luminoso, delicado como los primeros segundos (nunca supe de notas, no sabría nombrarlas), algo tremendamente bondadoso… como la palabra… albor... Luego, unos segundos después, algo fervoroso, molto fervoroso, y bello, como vivir sin miedo, y sin razón, pensando que todas las locuras que se nos ocurren son posibles y, además necesarias, tremendamente necesarias, y que nada nunca nos detendrá y que no habrá segundo ni nota ni palabra que no se viva intensamente y sin reservas, sin mezquinar la sonrisa, los amores, la amistad. 

Puedo imaginar, sí, esas y otras cosas. Puedo recordar también algo que escribió Marguerite Duras al final de una de las versiones del Amante… algo relacionado con un Nocturno de Chopin. Y el hecho de que recién ahí, en ese momento, cuando irrumpen las notas, ELLA llora. 

Quizás la música nos cuente sin palabras el gran cuento de nuestras vidas. Toda esa larga trama donde se tejen los por siempre, los nunca más, los todavía. Pero también puede ser que la emoción que a veces nos invade cuando escuchamos una música, o nos reencontramos con ella después de mucho tiempo, no tenga que ver con nosotros sino con otras vidas. Con ese ser humano que alguna vez, en algún lugar, vaya uno a saber en medio de qué alegrías o tormentos, dejó escrito algo de su propia emoción. Y así quedó la música toda entera habitada por paisajes y personas de los que no sabemos nada y sin embargo reímos –o lloramos– como si el hecho de escuchar nos ofreciera la extraña fortuna de sentir como él, de estar donde estuvo él. Hoy Piotr Tchaikovsky.


Cándida








Pasajes (10 de mayo)

Programa presentado por Tata Cedrón. Radio Nacional Folklórica


lunes, 4 de mayo de 2020

Pasajes (3 de mayo)

Estaremos difundiendo el programa de Tata Cedrón, en Radio Nacional Folkórica, mientras no se normalice la situación para facilitar la escucha. 


viernes, 1 de mayo de 2020

Proseando (10)


Escuchar


"La Bicicleta"

Angel Villoldo - Manuel O. Campoamor





Yo tengo una bicicleta
que costó 2.000 pesetas
y que corre más que un tren.

Por la tarde yo me monto,
y más ligero que un rayo,
voy a lucir este cuerpo
por la Avenida de Mayo.
A Palermo muy temprano,
los domingos suelo ir,
y se quedan embobados
muchos ciclistas que hay por ahí.

Las bicicletas
son muy bonitas
y las montan en pelo,
las señoritas;
por cierto que hay
mil discusiones,
porque han de llevar faldas
o pantalones.

Los sombreros a la moda,
que ahora llevan las señoras
son una barbaridad.

Tienen todos grandes cintas,
y luego la mar de lazos,
con plumas de pavo arriba
y plumas de pavo abajo.

Y al pobrete, que en un teatro
le toque detrás estar,
si quiere ver las funciones
una siestita se puede echar.

Porque hay sombreros,
de algunas damas,
con lechugas y coles,
troncos y ramas.
Y con jilgueros
y con canarios,
con palomas y loros
y campanarios.

En la época presente
no hay nada tan floreciente
como la electricidad.

El teléfono, el micrófono,
el tan sin rival fonógrafo,
el pampirulíntintófono,
y el nuevo cinematógrafo.

El biógrafo, el caustígrafo,
el pajalacaflunchincófono,
el chincatapunchincógrafo
y la asaúra hecha con arroz.

Todos estos nombres
y muchos más,
tienen los aparatos
de electricidad,
que han inventado
desde hace poco,
con idea que el mundo
se vuelva loco.