domingo, 7 de agosto de 2022

La loca de la casa

Le debo a Antonia el conocimiento de Daniel Pennac, y a Daniel –a quien, como a Antonia, comienzo a deberle tantas cosas– le quedo agradecido por recordarme un dicho que solía decir mi madre:

“La imaginación, la loca de la casa”. 

Y agrega Pennac: “Malo para el matrimonio, eso…”. Imagino que lo dice en joda, como tantas cosas que dice con ese humor suyo que, ironía mediante, desarma tantos consensos bienpensantes.

Temprano en su vida, mi vieja descubrió “la virtud paradójica de la lectura que consiste en abstraernos del mundo para hallarle un sentido”. Y por ello muchas veces la percibí abrumada, pero jamás la vi vencida. 

La acompañaba “la loca de la casa” y al mencionarla de ese modo enseguida se reía con todo el cuerpo. A rachas de tentación, salía de la carcajada apenas para tomar aire y seguir riéndose hasta las lágrimas.

Esta escena sucedía en la cocina de nuestra primer casa, la misma donde tantas veces la alcanzó la tristeza de algún dolor que la llevaba al llanto: Brígida era contenida en la angustia y expansiva en la alegría.

Tenía la desbocaba imaginación de los tímidos, esa mezcla de lectora abstraída y aventurera en ciernes, y esta virtud la mantuvo porque siempre fue “irrevocablemente fiel a sus necesidades espirituales”.

Comía muy poco y daba la impresión de ser etérea, pero Brigi no daba un paso sin el alimento espiritual que la mantuvo a salvo de todos los naufragios. Estaba bendecida por la gracia de su alocada fantasía.  

 

Carlos Semorile

 

viernes, 5 de agosto de 2022

Como un diario de sueños cumplidos

Mural La Familia, de Juan Manuel Sánchez *


 

Todo lo que usted quisiera saber sobre nuestro barrio parece estar en Vínculos vecinales. Un día es una experiencia pedagógica. Otro una experiencia cultural o una actividad deportiva. Así me suele suceder. Ya sea que busque información para mi familia o para otras familias que me consultan. Por cierto: no busco directamente en Vínculos. Busco. Y muchas veces la información más completa se encuentra ahí. “Qué buen dato” se podría decir. Y es cierto. Vínculos vecinales ofrece en cada una de sus notas, eso que solemos llamar un buen dato. Si eso fuera “todo” ya sería mucho y podríamos darnos por contentos. Pero siendo aquello, Vínculos es también otra cosa más difícil de nombrar. Se trata de una manera de habitar el barrio, de recorrerlo, de escuchar lo que el barrio tiene para decir, de atender sus necesidades, sus problemas, sus esfuerzos. Lo que hace también su felicidad. La de sus habitantes. Va un ejemplo.

Es la sonrisa de Marina algo muy difícil de pasar por alto. No es lo mismo llegar a un lugar donde te reciben rezongando (existen lugares así en el barrio, hermosos incluso, donde es necesario sobreponerse a la experiencia del recibimiento). En lo de Marina es diferente. Da gusto ir en busca de hilo y aguja. Ese dato, yo lo tenía. Pero fue leyendo Vínculos que me enteré que Marina había tenido un sueño… un sueño maravilloso… un sueño extraordinario… que había cumplido. En alguna ocasión, comentamos juntas esa nota y hablamos además de otras cosas. Volví a salir de la mercería con hilo y aguja pero de regalo. Un regalo que Marina nos hizo para que nosotros, los del Patio, también pudiéramos seguir adelante con nuestros sueños. Es decir con los libros que a veces cosemos para que no se nos desarmen o los atamos con lanitas que también conseguimos ahí. Sobre todo los libros que se inspiran en las obras de Munari. Bruno Munari a quien conocimos gracias a la maestra Analía, a la que Vínculos dedicó otra nota, y entonces fuimos tres vecinas – hoy amigas – las que participamos en cierto taller y la ronda sigue.

Como un diario de sueños cumplidos y de sueños por cumplir podría ser Vínculos vecinales. Y si bien no todo es alegría en sus páginas, incluso cuando se abordan los temas más difíciles, lo que se destaca es la manera en que las personas hacen frente a la adversidad. Sea del tipo que sea. También aquella que se llama indiferencia ante el dolor de los demás. 

Hace poco más de diez años, cuando nos propusimos crear este espacio (Nuestro querer) para compartir entre amigos experiencias que nos importan y nos conmueven, nos preocupaba el hecho de que la noticia, para ser noticia, debiera ser “mala”. Con muy pocas excepciones. Como si conocer el mundo solo pudiera significar conocer sus problemas, sus derrotas. Pocas veces sus luchas, nunca sus aciertos, ni hablar de sus modestas victorias. Nos preguntamos a menudo si esta manera de informar cuyo eje suele ser lo peor, con su corolario, el desaliento, no terminaba yendo en contra de lo que alguna vez fue el sentido de grandes periódicos. Conocer para actuar. Para transformar. Para lograr algo mejor.

Se me ocurre que para lograr algo mejor es necesario saber que lo mejor existe. Que “ya está entre nosotros”, como dijera una periodista querida en este país. Tener conciencia de los esfuerzos sostenidos, de la manera en que ciertas personas construyen sus vidas a imagen y semejanza de los artesanos… y de los niños, hacedores de mundos increíbles, tan concentrados siempre en sus obras. A veces se trata de sueños personales (y no es poco). Otras veces se trata de sueños desde un inicio compartidos. En todos los casos se trata de cómo vivimos y de cómo queremos vivir. De cómo hacemos también el barrio que habitamos. En un sentido amplio. Y más allá de la comuna… A todo esto se dedica también Vínculos vecinales. 

Cabe entonces celebrar la reciente iniciativa de su directora Mariana Lifschitz y de la periodista Verónica Ocvirk de ofrecer un taller gratuito de periodismo para jóvenes. Es más que una buena noticia. Es una gran oportunidad y desde ya toda una escuela. Para seguir mirando distinto, escuchando distinto, escribiendo distinto. Apuntando a lo mejor.

 

AGC

  

Breve selección de notas

La Mercería

Analía, el arte y la escuela

Cuando el piberío cuenta

Villa Santa Rita quiere su plaza

Ser con vos

Violencia de género, una salida a través del arte

La huerta de la cuadra

La vecinal de Villa del Parque

Adolescentes escribiendo

* La hora del mural


lunes, 25 de julio de 2022

Sobre el arte y la manera de escribir

“A usted le sorprende que lea al viejo Börne. Todavía no he conocido a un solo alemán que lo lea. (…) ¿Sabe lo que me preocupa? Estoy molesta con el arte y la manera que se tiene de escribir artículos en el partido. Todo es tan convencional, tan rígido, tan estereotipado. La resonancia de las palabras de Börne parece venir de otro mundo. Ya lo sé. El mundo ha cambiado. A nuevos tiempos, nuevas canciones. Pero, precisamente,  “canciones”; estos garabatos no son canciones, sino un zumbido incoloro y sordo como el ruido de la rueda de una máquina. Creo que la causa radica en que, en su mayoría, la gente olvida cuando escribe buscar en lo más hondo de sí misma y sentir la importancia y toda la verdad de la cosa escrita. Yo creo que cada vez, cada día, en cada artículo, se debe revivir la cosa, volver a sentirla, y entonces se encuentran palabras nuevas que van derecho al corazón para expresar lo que se conoce desde hace mucho. Pero es tan fácil acostumbrarse a una verdad que repite como un Padre Nuestro las cosas más profundas y sublimes. He decidido no dejar jamás de entusiasmarme por la cosa escrita y buscar en mí misma cada vez que escriba. Y es por eso que de vez en cuando leo al viejo Börne, porque me recuerda fielmente mi propósito”.   

 

R. L. Carta a Robert Seidel, 23 de junio de 1898

 

* traducido de la versión francesa (Commencer à vivre humainement, lettres de Rosa Luxemburg présentées et réunies par Julien  Chuzeville, Paris, Libertalia, 2022)