domingo, 24 de marzo de 2013

Caso Gaspar por Elsa Bornemann



Aburrido de recorrer la ciudad con su valija a cuestas para vender —por lo menos— doce manteles diarios, harto de gastar suelas, cansado de usar los pies, Gaspar decidió caminar sobre las manos. Desde ese momento, todos los feriados del mes se los pasó encerrado en el altillo de su casa, practicando posturas frente al espejo. Al principio, le costó bastante esfuerzo mantenerse en equilibrio con las piernas para arriba, pero al cabo de reiteradas pruebas el buen muchacho logró marchar del revés con asombrosa habilidad. Una vez conseguido esto, dedicó todo su empeño para desplazarse sosteniendo la valija con cualquiera de sus pies descalzos. Pronto pudo hacerlo y su destreza lo alentó.

—¡Desde hoy, basta de zapatos! ¡Saldré a vender mis manteles caminando sobre las manos! —exclamó Gaspar una mañana, mientras desayunaba. Y —dicho y hecho— se dispuso a iniciar esa jornada de trabajo andando sobre las manos.

Su vecina barría la vereda cuando lo vio salir. Gaspar la saludó al pasar, quitándose caballerosamente la galera: —Buenos días, doña Ramona. ¿Qué tal los canarios?

Pero como la señora permaneció boquiabierta, el muchacho volvió a colocarse la galera y dobló la esquina. Para no fatigarse, colgaba un rato de su pie izquierdo y otro del derecho la valija con los manteles, mientras hacía complicadas contorsiones a fin de alcanzar los timbres de las casas sin ponerse de pie.

Lamentablemente, a pesar de su entusiasmo, esa mañana no vendió ni siquiera un mantel. ¡Ninguna persona confiaba en ese vendedor domiciliario que se presentaba caminando sobre las manos!

—Me rechazan porque soy el primero que se atreve a cambiar la costumbre de marchar sobre las piernas... Si supieran qué distinto se ve el mundo de esta manera, me imitarían...Paciencia... Ya impondré la moda de caminar sobre las manos... —pensó Gaspar, y se aprestó a cruzar una amplia avenida.

Nunca lo hubiera hecho: ya era el mediodía... los autos circulaban casi pegados unos contra otros. Cientos de personas transitaban apuradas de aquí para allá.

—¡Cuidado! ¡Un loco suelto! —gritaron a coro al ver a Gaspar. El muchacho las escuchó divertido y siguió atravesando la avenida sobre sus manos, lo más campante.

—¿Loco yo? Bah, opiniones...

Pero la gente se aglomeró de inmediato a su alrededor y los vehículos lo aturdieron con sus bocinazos, tratando de deshacer el atascamiento que había provocado con su singular manera de caminar. En un instante, tres vigilantes lo rodearon.

—Está detenido —aseguró uno de ellos, tomándolo de las rodillas, mientras los otros dos se comunicaban por radioteléfono con el Departamento Central de Policía. ¡Pobre Gaspar! Un camión celular lo condujo a la comisaría más próxima, y allí fue interrogado por innumerables policías:

—¿Por qué camina con las manos? ¡Es muy sospechoso! ¿Qué oculta en esos guantes? ¡Confiese! ¡Hable!

Ese día, los ladrones de la ciudad asaltaron los bancos con absoluta tranquilidad: toda la policía estaba ocupadísima con el "Caso Gaspar—sujeto sospechoso que marcha sobre las manos".

A pesar de que no sabía qué hacer para salir de esa difícil situación, el muchacho mantenía la calma y —¡sorprendente!— continuaba haciendo equilibrio sobre sus manos ante la furiosa mirada de tantos vigilantes. Finalmente se le ocurrió preguntar:

—¿Está prohibido caminar sobre las manos?

El jefe de policía tragó saliva y le repitió la pregunta al comisario número 1, el comisario número 1 se la transmitió al número 2, el número 2 al número 3, el número 3 al número 4... En un momento, todo el Departamento Central de Policía se preguntaba: ¿ESTA PROHIBIDO CAMINAR SOBRE LAS MANOS? Y por más que buscaron en pilas de libros durante varias horas, esa prohibición no apareció. No, señor. ¡No existía ninguna ley que prohibiera marchar sobre las manos ni tampoco otra que obligara a usar exclusivamente los pies!

Así fue como Gaspar recobró la libertad de hacer lo que se le antojara, siempre que no molestara a los demás con su conducta. Radiante, volvió a salir a la calle andando sobre las manos. Y por la calle debe encontrarse en este momento, con sus guantes, su galera y su valija, ofreciendo manteles a domicilio... ¡Y caminando sobre las manos!

Copyright Elsa Bornemann c/o Guillermo Schavelzon & Asoc., Agencia Literaria

jueves, 14 de marzo de 2013

Las lentejas de Lacan bajo el credo del Islam



(A raíz de este auge pontificio, comento en el muro de la amiga Teresa Perrone mis ganas de vivir alguna vez bajo un completo sistema republicano. Teresa, de onda, me advierte que hay repúblicas islamistas, feítas-feítas, y eso me lleva a recordar este ya lejano episodio):

Ay!, el Islam, Teresa. Hace muchos años atrás, estando yo con una amiga, me reencontré con un primo lejano que se había casado con la mejor amiga de la más tierna infancia de mi amiga (se entiende, no?). Para celebrar ambos reencuentros, los invité a los 3 a mi casa,  una semana más tarde, a cenar unas lentejas bien criollazas. Mi primo y su mujer me aclararon que ellos eran vegetarianos y que aceptaban las lentejas, pero sin chorizo colorado, sin panceta, sin pimentón, en fin…

La cosa es que durante el encuentro, nos contaron que, junto con estar culminando la carrera de Psicología, ambos eran aplicados estudiosos de Lacan, del cual leían la mismas 3 páginas desde hacía un año en un grupo “ad hoc”, intentando desentrañar su sentido más hondo. Ipso facto, nos dijeron que, además, los dos se habían pasado al Islam, y que ahora, luego de años de catolicismo en un caso, y de agnosticismo en el otro, eran devotos de Mahoma. Imaginate: quisimos saber cómo compaginaban el Islam con Lacan. Las explicaciones se sucedían pero no eran demasiado satisfactorias: eran, para que te des una idea, una lectura lacaniana del Islam y, en otros momentos, una lectura islamista de Lacan.

Mientras tanto, estos amigos tan eclécticos abandonaron las lentejas sanitas y comenzaron a dar cuenta de las lentejas hechas con panceta, chorizo colorado y la mar en coche. También se pasaron del agua mineral al vino, y vaya uno a saber si alguno de estos cambios fue el detonante de un cuasi cisma que se produjo en la pareja. Sucedió cuando la amiga de mi amiga dijo que ellos creían en las 4 verdades del Islam, y mi primo la reprendió con un brillo asesino en los ojos: “Las 5 verdades”, la corrigió, y pasó a enumerarlas. Fue un momento tenso, acaso por el abandono de la dieta vegetariana, tal vez por el seminario inconcluso de Lacan, o quizás por esas divergencias en la cantidad de verdades que caben en una fe. Luego, la cosa se recompuso entre ellos, e incluso se terminaron el vino y las lentejas buenas (o sea, las nuestras).

Nunca más volví a verlos. Y desde aquella infausta noche desconfío del Islam, de Lacan, y de los que se proclaman vegetarianos pero sucumben ante un plato de lentejas como las que me enseñó a hacer mi abuela.

(Addenda para el consejo de la amiga Teresa: temo que si se estableciera una república islámica argenta, no me dejarían comer lentejas y me harían estudiar a Lacan).

Carlos Semorile

viernes, 8 de marzo de 2013

El rey de papel

Otro trabajo de Ojitos Producciones y Tikitiklip desde Chile / Visto en Paka Paka


domingo, 3 de marzo de 2013

Gramática de la Fantasía

Un aporte de Mónica al cuaderno de apuntes colectivo. Fragmento de un libro de Gianni Rodari.

***

"El juego consiste en inventar e ilustrar una historia colectiva que puede ser estimulada por un mazo de cartas apropiado, preparado por el animador pegando sobre una cincuentena de cartulinas figuras e imágenes diversas recortadas de diarios o revistas. La lectura de estas imágenes es siempre diversa porque cada carta del mazo se relaciona con la precedente sólo a través de una libre asociación de ideas o mediante un juego de fantasía. El animador sentado en medio del círculo de niños hace elegir a uno de los niños una carta al azar: éste deberá interpretarla verbalmente iniciado así la historia colectiva. Su exposición le servirá para ilustrar, sobre una base blanca (con una pintura o con un collage), la primera parte de la historia, y al compañero siguiente, que deberá continuar la narración, interpretando a su vez otra carta, para relacionarla con el episodio precedente e ilustrando los acontecimientos narrativos igualmente con una pintura o un collage junto al precedente. El juego continúa hasta llegar al último niño. El resultado es un largo panel ilustrado por todos los niños, que podrán releer visualmente su historia colectiva. (…)

A mi parecer es un juego precioso. Tan bonito que quisiera haberlo inventado yo. Pero no tengo envidia de Franco Passatore y de sus compañeros: los he visto trabajar en Roma, durante una fiesta del diario L’Unitá. Conocen gran número de juegos de invención y disponen de una técnica de “animación” reafirmada con decenas y decenas de experimentos. Por ejemplo, dan a los niños tres objetos disparatados ­–una cafetera, una botella vacía, una zapa­– y con ellos los invitan a inventar y representar una pequeña escena. Es casi como inventar una historia con tres palabras, pero mucho mejor, evidentemente, porque los objetos ofrecen a la imaginación un soporte mucho más sólido que las palabras: se pueden mirar, tocar, manipular, extrayéndoles numerosas sugerencias fantásticas; la historia se puede desprender de un gesto casual; de un ruido… El carácter colectivo de la invención, además, no hace sino estimularla: entran en juego y se confrontan creativamente experiencias diversas, recuerdos y ritmos personales, la función crítica del grupo".

Fuente: Gianni RODARI, Gramática de la fantasía. Introducción al arte de inventar historias, Ed. Colihue/Biblioser. pp. 78-79 (cap. 23).

viernes, 1 de marzo de 2013

Chile: Viola Soto Guzmán - Premio Nacional de Educación



Una contribución de Luisa al cuaderno de apuntes colectivo

Conversando con Viola Soto Guzmán - Premio Nacional de Educación
Participación en Diálogo académico en torno a Educación y Pobreza.
2011
***
 
Yo creo que represento  la vivencia de una larga historia de la educación, voy a cumplir 90 años y sigo trabajando en este campo.

Mi maestro principal fue don Juan Gómez Milla que me inserto en muchas aventuras que nos llevaron a enriquecer el sistema desde el Liceo Experimental Manuel de Salas que me marco para siempre. El liceo fue un verdadero pionero de la institución democrática,  construyendo   la educación conforme a los  principios democráticos de John Dewey, que era lo que se empezaba a desarrollar en nuestro país.

En mis comienzos como estudiante entré primero como practicante al Manuel Salas, y más tarde  profesora (después de ganar un concurso), y luego me eligió la comunidad como Coordinadora del  Liceo.

Viví una experiencia que he aplicado durante toda mi vida, y que ha resultado ser muy exitosa, porque me han llamado de muchas partes. Empecé en Honduras perfeccionando profesores y posteriormente me encontré en Venezuela haciendo el mismo  modelo experimental del liceo Manuel de Salas: Diagnóstico inicial para conocer la cultura y experiencias de los participantes, preparar un proyecto pertinente de programa a partir de ese conocimiento, presentarlo al curso pidiéndoles que hicieran sus aporte para luego constituir el programa definitivo, y así centrarme en una práctica dialógica con mis alumnos y la comunidad educativa.

En Honduras me  encontré con un país cuyos profesores  aún no habían logrado titularse como tales, lo que significaba una profunda necesidad de formación.  A pesar de eso acepté al Ministro  de Educación que me nombrara Asesora Técnica del Directorio de Educación, pero con una premisa, que me permitiera primero diagnosticar en terreno los problemas de profesorado y los estudiantes en sus propias escuelas.

En el fondo mi orientación consistía en considerar a todos los miembros de una comunidad en igualdad de condiciones, incluso a los alumnos, con el respeto y la admiración de su participación, y luego ver a directores como líderes de sus escuelas, y aprender lo que ellos necesitaban aprender.

En el Liceo Manuel de Salas también me encontré que había experimentadas profesoras y jóvenes profesoras que me enseñaron siempre. Por ejemplo: Yo hice la primera clase y puse números para la asistencia, y concurro  al  Consejo de Profesores y una profesora dice ¿quién puso números en el control de la asistencia?. Entonces digo; yo puse números, porque en el libro había un pequeño espacio; entonces me dice: “los alumnos no son números y hay que trabajarlos con respeto, y con  identidad, desde ahora en adelante cuando tu llegues a realizar clases debes tratarlos por su nombre Víctor, Manuel, María Etc…”

Esto me marcó profundamente, entré inmediatamente en algo que hoy día es el mismo enfoque educacional, en el que sigo trabajando,  el diálogo; pero un diálogo fuera del poder vertical, un diálogo en que tanto los profesores, los especialistas  y  los alumnos  participábamos,   incorporando a sus familias, y  entonces sin que se supieran las teorías científicas posteriores que han desarrollado la afectividad y el principio de inteligencia social, además del principio de la razón;  lo hice con una afectividad que surgía de mi comunicación con ellos  y que coincide con el pensamiento  de Varela y de  Maturana,  respecto de “la necesaria aceptación del otro como un legítimo otro para construir comunidad”, una afectividad que me surgía del aprendizaje que tuve con mi madre cuando la veía entusiasmada en sus tareas educativas.   Entonces construía una convivencia  y  experiencia en que esos alumnos o esos maestros con quienes  trabajé, se sentían pares míos y hablaban desde sus experiencias que íbamos transformando, comentando y compartiendo.

Mucho más tarde conociendo el trabajo de  Daniel Goleman, en su célebre libro: Inteligencia Emocional,  (1995), me emocioné comprobando que yo manejaba naturalmente muchos de los principios que él recomendaba, y que alumnos míos egresados en 1959 también recordaban la afectividad vivida por nosotros.  Con ellos aún mantengo esos vínculos afectivos, que se expresan en encuentros anuales hasta la fecha. Esto ha sido para mí algo muy significativo.

En el liceo no había especialistas más importantes que otros, desde el profesor de Artes Visuales, hasta el de Educación Física, de Filosofía, o yo como profesora de Historia, todos éramos iguales, y todos teníamos algún espacio dialógico en el cual podíamos hablar desde un proyecto común interdisciplinario con los alumnos y salir fuera de la escuela y conocer el ambiente en el que vivíamos.

Como ejemplo en su interrelación con la problemática de la realidad, por lo menos una vez al año se realizaba un Proyecto en que profesores y alumnos elegían una temática en que participaban las diferentes asignaturas. Así para el Mundial de Fútbol, que distraía a los alumnos en las clases consideramos necesario dedicarnos al Proyecto el Mundial del Fútbol, liderado por los y las  profesoras de Ed. Física,  al que aportamos todos los profesores de diferentes asignaturas.

Posteriormente, yo aprendí a trabajar con la teoría crítica que desarrolle posteriormente en todos los encuentros con diferentes grupos con  que trabajé desde el Pre grado al Postgrado y en los cargos que tuve con la UNESCO y la OEA entre otras instituciones.

Entre mis experiencias, yo trabajé siempre con toda la comunidad del liceo, me di cuenta de la importancia del Director, me di cuenta lo importante del coordinador, lo importante de  los profesores y de los alumnos,  y la importancia de los asistentes de la educación y la importancia de la gestión democrática con los apoderados, es decir con toda la comunidad educativa.

Como anécdota en uno de los cursos que fui profesora jefe comienzan a llegar los  apoderados, y llega un caballero que trabajaba en el comercio de la pescadería, y al llegar me pregunta donde me siento, a lo que respondo: aquí están todos los asientos disponibles, el que va llegando se sienta en la primera fila. Por último, llegó un administrador que trabajaba la dirección de la exportación chilena y quedó en el último asiento. Fuimos conversando y se produjo ese encuentro solidario, democrático en que todos se sentían  bien e iguales.

Yo conocí por primera vez en mi vida lo que significaba el aprendizaje  interdisciplinario y de convivencia democrática  de los maestros, en que todos participábamos, nos respetábamos y todos aprendíamos de todos, y desde ese primer instante descubrí como se aprende de otros cuando hay dialogo afectivo y cuando hay respeto sin considerar como enemigos a los que opinan distinto .

Cuando más adelante, salió la teoría de la neurociencia, yo me sentí realmente impresionada, ya que veía que todo lo que decía la teoría, ya lo habíamos practicado nosotros en el liceo, una relación entre las partes del cerebro: donde se da por un lado el trabajo racional, cognitivo; y por otra el trabajo creativo y también en otra parte el trabajo afectivo y la estrecha interrelación entre esas partes.

Más tarde incorporé  la teoría de sistema, y desde esa teoría yo empecé a penetrar en los diversos países en que hice clases,  donde era imposible hablar de educación sin entender lo que el poder político, económico, social y cultural había diseñado para los regímenes educacionales.  Por consiguiente, yo no podría en estos momentos hablar de todas las criticas que tengo acerca de los conflictos que estamos viviendo, sin recurrir a la Teoría de Sistema, gracias a esta aprendí que en este país, nosotros habíamos vivido una educación de búsqueda y creciente integración social y que habíamos aprendido mucho de ella, y del diseño del sistema del Estado Garante, que se apoyaba en el progreso de la ciencia que permitiría el desarrollo y la incorporación progresiva de la población en la educación.  Pero que luego se cortó violentamente  con la dictadura militar todo lo que habíamos construido en materia de educación democrática, y fuimos despedidos de nuestros cargos académicos, muchos que habíamos tenido larga experiencia educacional produciéndose una diáspora a todo el resto del mundo; mundo que se abrió en esos instantes para todos nosotros de manera extraordinaria;  el que llegaba a algún lugar se encontraba con los brazos abiertos, nos entregaban posibilidades de ejercer cargos superiores para América Latina, como yo ejercí en OEA en el Proyecto de Perfeccionamiento de Profesores de A. Latina.  Este pensamiento se sustentaba en lo mismo que aprendí en el liceo  Manuel de Salas. Resulto increíblemente positivo, porque ellos venían de distintos países con distintos niveles y aprendían que todos sentíamos respeto por todos, y  que el Diagnostico,  la  interdisciplina, el trato democrático y afectivo eran esenciales.

Más adelante se me encargo la investigación de la pobreza, junto a mi colega Abraham Magendzo que surgio de la propuesta de la Conferencia General de UNESCO en su 22ª  sesión para 1984 – 85, porque no había suficiente información para llegar a conclusiones.

Comencé por la literatura, que no era usada en las investigaciones, mucho más tarde empezó a usarse en el mundo de la revolución científica y tecnológica. Esta investigación fue un hito importante en mi vida.

No entiendo como estamos nosotros encarcelados dentro de un sistema, que emerge desde el Estado , y con un transfondo que no veo manejar en Chile; ya no se trata de hablar de postmodernidad o de modernidad. Se trata de hablar que vivimos en un cambio epocal, donde se mira la vida de la educación de modo diferente: la revolución científica tecnologica que emergio en los años 50, esa revolución científico tecnológica que nos lleva a  entender el momento actual en que estamos, porque me permite comprender como la informática surge, y como la globalización de esa revolución científico tecnológica implica entender a la comunidad como el eje mas importante de todos, y lleva a nuestros países a entender como la economía y la libertad económica presente en nuestras instituciones nos cambia toda la perspectiva en que trabajamos, y trae muchos errores.

Hay muchos que dicen que no podemos cambiar la influencia de nuestra economía en nuestra educación, pero en Chile se ha exagerado, y entonces la economía viene a ser el fin de toda comunidad educativa, y eso ha sido una marca que nos lleva a cometer muchos errores, porque ha subordinado los otros fines.

Cuando entra la Concertación, entra con un fin democrático de solidaridad y equidad, pero ya estaban amarrados en la constitución y las leyes de la dictadura; el paso del estado garante al estado subsidiario; entonces estamos viviendo una experiencia tremendamente difícil porque la economía es la que guía los principales asuntos de la educación, es la que nos trae muchos problemas en nuestros tiempo actual como la segmentación de la población en estratos diferentes impidiendo el aprendizaje intersocial y cultural que exige la integración de una nación.

jueves, 28 de febrero de 2013

Chile se moviliza

A partir del domingo 10 de marzo, 22.30, por Canal La Red, se podrá ver un programa dedicado a las movilizaciones sociales en Chile. El Canal cuenta con una señal en vivo por lo cual debe ser posible verlo desde otros países. Así que ojo al piojo.


sábado, 23 de febrero de 2013

Recuerdo de Don Isaías



Hace unos días atrás, en la aleta Llico, de Arauco, murió don Isaías Carvallo. Su muerte sólo mereció unas palabras de unos pocos habituales de estos medios, y ellas debido fundamentalmente a las circunstancias de su muerte. Murió quemado en la mediagua de emergencia que recibió como damnificado del maremoto del 2010. Don Isaías fue pescador artesanal y tenía ¿cuánto? ¿90 años?

A don Isaías lo conocí el año 1958, cuando fuimos por primera vez a veranear a la caleta. Su casa estaba en la esquina del callejón con la playa. Nunca aprendió a nadar pues en el mar, a la hora del naufragio –nos decía– nadar o no nadar no hace la diferencia. Él había sobrevivido a tres en su vida. De él recibí las primeras lecciones de pesca en el golfo, en bote de madera –la “Luz-pesca”–, a remos, con red de enmalle de hilo, con piedras como pesos. Salíamos “a levantar” de madrugada, hacia “Punta del Litre”, o más allá a “la Huirá larga” o al “Bajo de afuera”, y traíamos las corvinillas, o las corvinas, los congrios colorados o las pescás cuando se calaba más a mar abierto, fuera de las piedras y los huiros. Pero la historia de don Isaías con mi familia se remonta más atrás, al año 1944, cuando mi padre va a Llico a hacer un reemplazo como profesor (su primera destinación) y don Isaías le da alojamiento en una pieza de su casa. El maremoto del 60 le llevó casa, bote y aperos de pesca. Ignoro cómo se rearmó, pero al cabo de los años, cuando nos reencontramos, de nuevo tenía su bote y los elementos para pescar. Pero ahora las salidas a la pesca eran con su hijo, el Miguel, temprano de madrugada o durante el día cuando se asomaban los “bolos” de fardela que anunciaban la posibilidad de la presencia de la sierra y salíamos a revolear. Un día a mediados del 72 supe que Miguel y otros dos compañeros se habían perdido cuando se dirigían a Lota con un cargamento de píures. Supe de sus recorridos por el litoral esperando encontrar algún resto de su hijo. Nada apareció. Y el recuerdo de Miguel es una cruz sin tumba, como tantas otras, en un cerro con vista al mar.

A los años murió su mujer, la señora Nenita y entonces su soledad se le vino encima. El maremoto del 2010 nuevamente le llevó su casa. Y se tuvo que ir a vivir a la “aldea” instalada en Llico para los damnificados, a una de esas precarias mediaguas de madera.
La anunciada solución definitiva para los afectados por el maremoto no lo alcanzó: Primero fue el ramalazo de fuego que consumió su vida.

En cualquier caso, viejo Isaías, no merecías morir así. Quería compartir con otros estas palabras de recuerdo.

Un abrazo a la distancia,
Raúl Moraga Arcil

jueves, 14 de febrero de 2013

La sonrisa de Carlos Fuentes - Elena Poniatowska

Arriba de El Ángel, arriba del Monumento a la Revolución, arriba de la Catedral, Carlos Fuentes siempre estaba arriba. De joven, le daba miedo la altura; todavía en julio de 1959, cuando el triunfo de la Revolución Cubana, en el mismo avión que el general Cárdenas, preguntaba: ¿Tú crees que se va a caer? Ya entonces volaba alto. Desde niño estuvo destinado a la altura. Acababa de publicar La región más transparente, que hizo estallar a la ciudad de México. Antes, todos escribían triste. Triste la Revolución con tanta masacre inútil, triste la provincia en la que se cocía morosamente el ate de guayaba en un perol, como escribió Agustín Yáñez; triste la sombra del caudillo y la de todos los que habían hecho la Revolución y ahora, en una lujosa oficina, ignoraban el lento pero seguro empuje de su barriga.

Así las cosas, Fuentes hizo irrupción, reventó nuestro mundito como habría de hacerlo el Paricutín y nos recordó que teníamos agallas. Él siempre las tuvo. Ambicioso, audaz, ágil, elegante, subía al escenario de un brinco. Siempre caminó aprisa, siempre hizo de tripas corazón. La palabra siempre le va muy bien a Fuentes, y todos podemos decirle a Silvia y a Cecilia, así, a coro y con la voz alta y fuerte, que Fuentes vivirá siempre al lado de sus libros, estará con nosotros siempre y que no es una frase de consuelo, es una realidad.

Lo veo allá al fondo, de pie; lo veo aquí, al lado, sonríe. Su sonrisa era la de su padre, don Rafael Fuentes, que a raíz de la publicación de La región más transparente decía: Ahora ya soy el padre de Carlos Fuentes. Todo envuelto en el chipi chipi de Jalapa, esa ciudad en la que el pastito crece entre las piedras; Fuentes era veracruzano de pies a cabeza, veracruzano de los altos vasos de café con leche del Café de la Parroquia que los meseros rellenan y vuelven a llenar al sonido de la cuchara, ting, ting, ting, como en una canción de Cri-Cri, como si todos fuéramos niños antes del pecado original. Fuentes era un poco así, tenía al niño que fue en la niña de sus ojos, reían sus ojos, adentro de sus ojos estaba su vigor, su entusiasmo, su afán totalizador, su amor a México. Echaban chispas sus ojos, porque Fuentes era un seductor, pero, como aclaró Ángeles Mastretta, un seductor confiable.

Sólo quisiera destacar dos actitudes de Carlos Fuentes a lo largo de su vida (a pesar de que le era imposible llevar la cuenta de todos los doctorados concedidos en universidades estadunidenses): una, su actitud crítica frente a Estados Unidos, y dos, su patriotismo. Su gran tema fue México, la razón de su obra es México y su eternidad, como la de Balzac, yace en el retrato que hizo de nosotros.

Pronto hablaremos de sus libros, de La región..., La muerte de Artemio Cruz y Aura; pronto reflexionaremos sobre lo que significa la celebridad, pronto habrá páginas de ensayos en varios idiomas, pronto repetiremos lo que él respondió una y otra vez: El Nobel me lo dieron cuando se lo dieron a García Márquez y pronto, también, tomaremos en cuenta una frase suya dicha hace poco frente a Carmen Aristegui: No quiero ni pensar que Peña Nieto pueda ser presidente de la República.

A Fuentes le habría gustado la manifestación del 19 de mayo del Zócalo al Ángel. Una pancarta decía: Bienvenidos los jóvenes al despertar de la conciencia. Los estábamos esperando. Atentamente, La Patria.

Una noche en la que varios nos encontrábamos en el jardín de su casa de Apóstol Santiago, en San Jerónimo, Carlos de pronto preguntó: ¿Dónde está la Güerita? Hoy le respondemos: Carlos, aquí está la Güerita, no te preocupes, vamos a cuidarla entre todos.


Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/05/23/opinion/a05a1cul

viernes, 8 de febrero de 2013

Poema para un niño que habla con las cosas - Fragmento




“El oficio de hombre es bello y duro.
La calle es ancha y larga.
Su frontera, el recuerdo y el olvido.
Sus horizontes, algo que vendrá.
No es puro idilio, no, pero es algo real y mágico.
Digno de ser vivido y defendido
y superado y transformado y andado por caminos de amor”


Raúl González Tuñón


jueves, 31 de enero de 2013

¿Para qué sirve el progreso? por Roberto Arlt


Me tienen ya seco con la cuestión del progreso. Cuánto papanata encuentro por ahí, en cuanto comienzo a rezongar de que la vida es imposible en esta ciudad me contesta:
- Es que usted no se da cuenta de que progresamos.
Y acto seguido me endilga un discurso sobre el Progreso y la Civilización, que hubiera estado muy bien en tiempos de Juan Jacobo Rousseau, pero hoy no convence a nadie. Y si no, ustedes verán.

CALIDAD DE PROGRESO

La gente se deja embaucar con una serie de términos que en realidad no tienen valor alguno. Estos términos hacen carrera, se convierten en monedas de uso popular y cualquier otario, ante un caso serio, se considera con derecho a aplicarlos a situaciones que no se resuelven con el uso de un vocablo.
Y es que llega un momento en que las palabras asumen el carácter de moda; no interpretan un sentir sino un estado colectivo, quiero decir, un estado de estupidez colectiva.
Veamos esta palabrita Progreso.
De veinte años a esta parte hemos progresado bestialmente. En todos los órdenes. Antes, para vivir, una familia no necesitaba de alto jornal. Una casita de tres o cuatro piezas se alquilaba en cuarenta pesos; una pieza en doce y quince pesos; pero la mayoría de los habitantes de esta bendita ciudad vivían en casas holgadas, con fondo, jardín y parra.
El progreso ha hecho que por esa misma pieza, que pagábamos quince pesos, paguemos hoy cuarenta o cincuenta pesos; que la casa sea sustituida por el departamento, y que el departamento sea un rincón oscuro, con una superficie inferior a la de un pañuelo y donde para decir una mala palabra sea necesario encender la luz eléctrica, porque si no, la palabra no se ve. Hemos progresado.
Antes, una mediana familia tenía quinta con árboles, donde los chicos pudieran embarrarse a gusto, criarse sanos a más no poder. Hoy para los nuevos chicos tenemos un patiecito húmedo y oscuro, donde las ventoleras tienen tantas direcciones que lo menos que se pesca una criatura en un descuido es una “bronca” neumonía. Hemos progresado.

ARTÍCULOS DE CONSUMO

El pan era sabroso y el vino puro. Llegaba fin de año y el último bolichero le mandaba un canastón cargado de aguinaldos. El panadero ídem. Cierto es que no teníamos ómnibus que despachurraban criaturas por las calles, ni subterráneos, ni automóviles brillantes como espejos. El tren de vapor era un medio de traslación formidable, y el coche un lujo. Los días eran tranquilos. Flores era un barrio de quintas, Palermo ídem, Belgrado igual, Caballito también, Vélez Sársfield idénticamente. Quintas, cercos, bardales, madreselvas, glicinas, el aire de los crepúsculos estaba tan embalsamado de flores de verano, que la ciudad parecía un pequeño injerto en la perfección de los campos subdivididos. No había prisa en el vivir. El fonógrafo era un mecanismo insuperable; la radio no se concebía, el teléfono era propiedad de pocos felices, y más que medio de progreso, un lujo. Ud. ciego y sordo podía cruzar tranquilamente las calles, pero la tela de un traje era irrompible, los botines se hacían de cuero y no de cartón, el aceite de oliva no era de lino sino de olivas y el único que se gastaba, los carniceros no sabían dónde tirar el bofe y el hígado; la neurastenia era un mal desconocido, la tuberculosis, ¡hablar de la tuberculosis en aquellos tiempos daba más temor que hoy nombrar la lepra a la que nos hemos acostumbrado! y ciertas enfermedades, que no se pueden nombrar, deshonraban a una familia como el hecho de tener un hijo ladrón o asesino.

HEMOS PROGRESADO

Hoy no. Hemos progresado. No hay zanahoria que no esté dispuesto a demostrárselo. Hemos progresado. 
Es maravilloso. Nos levantamos a la mañana, nos metemos en un coche que corre en un subterráneo; salimos después de viajar entre luz eléctrica; respiramos dos minutos el aire de la calle en la superficie; nos metemos en un subsuelo o en una oficina a trabajar con luz artificial. A mediodía salimos, prensados, entre luces eléctricas, comemos con menos tiempo que un soldado en época de maniobras, nos enfundamos nuevamente en un subterráneo, entramos a la oficina a trabajar con la luz artificial, salimos y es de noche, viajamos entre luz eléctrica, entramos a un departamento, o a la pieza de un departamentito a respirar aire cúbicamente calculado por un arquitecto, respiramos a medida, dormimos con metro, nos despertamos automáticamente; cada tres meses compramos un par de botines de cartón cuero; cada seis meses renovamos un traje; cada año nos deterioramos más el estómago, los nervios, el cerebro, y a esto ¡a esto los cien mil zanahorias le llaman progreso! ¡Digan ustedes si no es cosa de poner una guillotina en cada esquina!

¿PARA QUÉ?

Puede usted decirme, querido señor, ¿para qué sirve este maldito progreso? Sea sincero. ¿Para qué sirve este progreso a usted, a su mujer y a sus hijos? ¿Para qué le sirve a la sociedad? ¿El teléfono lo hace más feliz, un aeroplano de quinientos caballos más moral, una locomotora eléctrica más perfecto, un subterráneo más humano? Si los objetos nombrados no le dan a usted salud, perfección interior, todo ese progreso no vale un pito, ¿me entiende? Los antiguos creían que la ciencia podía hacer feliz al hombre. ¡Qué curioso! Nosotros tenemos, con la ciencia en nuestras manos, que admitir lo siguiente: lo que hace feliz al hombre es la ignorancia. El resto, es música celestial…


Roberto Arlt




El Mundo, 23 de noviembre de 1929

Nuevas Aguafuertes Porteñas

miércoles, 23 de enero de 2013

El ahora de O-lan. Breve apunte sobre una traducción



“Esto no se dice en castellano”. O en francés. O en cualquier idioma al que se esté traduciendo algo. Esa es una frase relativamente común por parte de los correctores y/o editores cuando examinan una traducción ya realizada. Tal cosa no se dice en el idioma al que se está traduciendo. Por ende, hay que decirla de otra manera. “Local”.

En el marco de los textos que me ha tocado traducir, me ha pasado varias veces que los editores me señalen este asunto del “no se dice”. Hasta ahora la mayoría de las veces esta situación ha tenido que ver con rarezas propias al idioma del autor. Por lo mismo, no me he inmutado. En esos casos respondo a los editores: “en el texto original tampoco debería –según normas y, sobre todo, según costumbres– decirse tal como lo dice y sin embargo el autor así lo dijo”. Y eso es todo.

Pero existen casos especiales. Casos que me han llevado a pensar que la traducción siempre supone (a posteriori) un doble esfuerzo. Esfuerzo del traductor por acercar a un lector un texto inserto en una cultura diferente a la suya; esfuerzo del lector por acercarse a ese texto inserto en una cultura diferente, etc. No me parece que el trabajo de los traductores sea suprimir ese esfuerzo; solo hacerlo más llevadero. Bien. No quiero teorizar. Voy a dar un ejemplo. Lo voy a dar de memoria porque no tengo el texto a mano pero pronto lo volveré a tener y revisaré y llegado el caso corregiré esta nota.

Se trata de una frase de la novela “La buena tierra” de Pearl Buck. La novela ocurre en China, en el mundo rural, trata de la vida de varias generaciones de una misma familia y transcurre en las primeras décadas del siglo XX. En un momento dado, el personaje central Wang, después de múltiples peripecias, grandes sufrimientos, cantidad de dificultades, recuerda a su mujer muerta desde hace ya muchos años. O-lan es el nombre de esa mujer. Estamos más bien hacia el fin de la narración. Wang la recuerda, la evoca. Y se dice así mismo esto que cito de memoria:

“Qué lejos estaba el ahora de O-lan”.

Puede ser que diga: qué lejos estaba el ahora de su mujer. De lo que estoy absolutamente segura es del lugar que ocupa en la frase ese “ahora”.

Acá hay tres maravillas. La de la lengua original, propia a esos campesinos de esa zona de China, en esos momentos (lengua que no conocemos). La manera en que la autora que se expresa en inglés (pero que se crió y vivió largos años en China) nos la hace llegar, nos la restituye. Y la opción del traductor por preservar esa “rareza” que en este caso no está ligada a un estilo especial del narrador sino a toda una cultura que es la de los personajes mismos.

“Qué lejos estaba el ahora de O-lan.”

¿Y qué pasa si un editor viene, raya y dice: “eso no se dice así en castellano”?

Qué pasa si en vez de esa frase nos obligan a poner:
Cuánto tiempo había pasado desde esos momentos compartidos con O-lan.
O: qué lejos estaba esa vida con O-lan.

¿Sigue diciendo lo mismo el texto? ¿Qué es lo que le da su sentido a la oración? ¿Qué es lo que nos revela un sentimiento? Ya que de eso se trata la mayoría de las veces. De revelar un sentimiento. No solo un pensamiento ni frases porque sí.

Yo siento que nosotros lectores podemos entender cabalmente la situación de Wang. Su sentir. Así. Tal cual nos lo dicen en esta traducción. No hace falta que nos lo digan como lo hubiéramos dicho nosotros. Lo que interesa en este cuento es la manera de Wang. Y no hay error. El ahora de O-lan llega al corazón.

(Continuará)

AGC