lunes, 13 de abril de 2020

A las cinco de la tarde


El diario Le Monde publicó hoy una crónica donde se cuenta que en la ciudad de Pau (Francia) una narradora ha usado las posibilidades de su edificio para narrar todos los días, a la misma hora, a sus vecinos. 

6 de abril 2020
 
Según cuenta esta narradora, no habría podido hacerlo mediante redes sociales: no acostumbra usarlas; no tiene los saberes apropiados. Por otra parte, subraya que es la calidad del vínculo lo que le importa. Tanto más en estos días de aislamiento. Tuvo la idea y luego hizo pruebas con un vecino del sexto piso. Se trataba de usar el espacio central de la escalera como caja de resonancia. La prueba dio resultados y lanzó las invitaciones. Dejó una nota a todos los vecinos para avisar que tal día a tal hora se iniciaría la experiencia. En la invitación precisaba que solo se trataba de abrir la puerta (ya hemos visto en este espacio… y fuera de él… que no pocas veces “solo” se trata de eso). Los vecinos podrían escuchar desde detrás de la puerta. Y así fue como el asunto comenzó. 

Ella elige las historias con sumo cuidado. Busca historias que levanten el ánimo, que tengan algo de esa reflexión de Mark Twain que hace poco recordamos. Historias que puedan ser escuchadas por un auditorio diverso compuesto también por niños y algunas personas muy mayores. 

No todos los vecinos participan. La nota dice que serán unos quince. Algunos sacan sillones para escuchar desde el pasillo. Otros se quedan detrás de la puerta que entreabren todos los días. Uno pidió disculpas una vez porque tenía que ausentarse para visitar a la madre. Y así. La crónica contiene una reflexión sobre el hecho de que esto permite conocerse un poco entre vecinos… de otra manera. También otras consideraciones sobre el arte de narrar y de reunir a la gente. Dejo el texto completo para quienes puedan y quieran leerlo en francés (PULSAR AQUÍ). 
 
Nadie se sorprenderá demasiado si les digo que la cita es a las cinco de la tarde…
A las cinco en punto de la tarde.


Cándida