jueves, 1 de enero de 2026

La risa de Mary

 


Hace un mes que nos falta esa risa suya que estallaba y quedaba reverberando en el ambiente, y que era tan contagiosa como su intensa vitalidad y su entusiasmo por las cosas que amaba: su marido (al que conoció en unos bailes de carnaval en el Club Independiente), sus hijos, su nieta y nietos, su sobrina y sobrinos, sus vecinas/amigas, sus compañeras de cursos y talleres (que fueron parte del despliegue de una curiosidad que no se agotaba), y la casa que con su compañero levantaron con tantísimo sacrificio y cariño.

Allí se daba aquello que tan bien dijo Kapuscinski: “¡Armenios! Tienen que estar juntos. Se buscan a lo largo y ancho del mundo y –trágica paradoja de su destino- cuanto más grande y diseminada es su diáspora, tanto mayor es su mutua añoranza, el deseo y la necesidad de estar juntos”. Y agrega que la mesa es el punto central de cualquier hogar armenio, tal como fueron las dos mesas de su casa, la de la sala y la de su querido patio. Se impone el recuerdo de Mary relajada en su patio florido, entre la brisa y los trinos tempraneros.

 

Carlos Semorile