miércoles, 28 de enero de 2026

De riegos...

 


Esta Santa Rita llegó a casa en el año 2024. Estuvo primero en la vereda pero no prosperó ahí. Hace algunos meses la cambié de lugar, la hice subir al jardín, y le pedí que me ayudara a cuidar la casa junto a otras Santa Ritas (¿se escribirá así? ¿en plural?) Solo una prosperó. A esta se le cayeron todas las hojas y durante varios meses estuvo así. Parecía seca. Por consejo del jardinero, la seguí regando como si nada. Como si no me hubiera dado cuenta. Como si creyera en lo que dijo sobre el hecho de que, aun cuando la superficie se ve seca, la raíz sigue viva y solo es cosa de esperar y confiar. Confiar regando porque si no la planta se muere. Confiar y regar serían entonces dos cosas indisociables, un solo y mismo gesto.

No es lindo lo que cuento: es cierto. Aquí está la flor. Las flores.

 

Cándida