martes, 16 de julio de 2013

Para seguir pensando la educación - Entrevista con el profesor Glauco Cabrera



Glauco Cabrera: sin palabras diría Discépolo


Publicado en ACCION en la REGION.
Mercedes, jueves 11 de julio de 2013


La dictadura tuvo la "virtud" de expulsar a los uruguayos más valiosos que tenía en las distintas áreas de la actividad del país, en el caso de los docentes, primero los destituyó y luego los "arrinconó", negándoles la posibilidad de acceder a otros trabajos y la búsqueda obligada fue mirar fuera de fronteras.

Algunos retornaron con la democracia, otros quedaron donde habían sido recibidos, aceptados y echaron raíces. Pero el precio alto que pagaron como el desarraigo de sus cosas, de su vida cotidiana, de sus pagos, es imposible de borrarlo pese al transcurrir de los años.

Uno de ellos fue el prof. GLAUCO CABRERA, quien regresó a su tierra natal por unas horas, traído por una de sus dos pasiones, la música, el bandoneón. La otra, la educación por la cual hizo huella en varias generaciones mercedarias, quedó en París, donde reside desde hace más de treinta años.

En la casa de su hermano, el amigo Luis "Tica" Cabrera, ACCION fue recibido para dialogar anoche con este docente.

De su época de profesor en Mercedes recordó "la experiencia más interesante fue la del Plan Piloto de 1963, sobre todo cuando se puso en práctica a partir de 1968 el 6º año con un enfoque pluridisciplinario donde se coordinaban todas las materias, se encaraba el mundo contemporáneo desde todo punto de vista. Fue una de las experiencias que recuerdo con mayor emoción, porque fue una época en que la confianza que teníamos en las posibilidades de la educación eran extraordinarias. Yo aún las conservo y las he renovado y fortalecido, pero en aquella época era un momento en que creíamos y estábamos convencidos porque habíamos analizado y pensado mucho que lo que hacíamos era algo verdaderamente importante para la sociedad uruguaya y sobre todo para la juventud uruguaya".

Hizo referencia a la renovación de los programas que venían de 1950, que continuó en 1960 "y sobre todo la renovación de lo que fue el Plan Piloto permitió a la educación nacional -hoy yo lo veo con una perspectiva histórica mucho más extensa, prolongada- de crear las condiciones para dar un salto en calidad, extraordinario. Pueden dar testimonio de ello muchos jóvenes que han hecho sus carreras universitarias y que para mi orgullo personal y profesional, hoy y desde hace muchos años, me lo han dicho, me lo dicen y tuve la oportunidad de confirmarlo cuando hace unos meses se festejaron los 50 años del Plan Piloto 1963, porque me hicieron una entrevista por videoconferencia y tuve oportunidad de renovar lazos y de recordar esas experiencias tan fructíferas para todo el mundo".

Significó Cabrera que esa experiencia abrió posibilidades a muchos jóvenes "hoy, desde el Uruguay pero también desde otros lugares del mundo, me hacen llegar sus recuerdos importantes emocionalmente y no sólo desde ese punto de vista, sino el reconocimiento del valor intelectual y cultural que tuvo ese esfuerzo renovador de la educación nacional. Podría dar nombres y ejemplos de gente que trabaja en el extranjero y que reconoce que tal vez lo que estábamos haciendo en el Uruguay a partir del Plan Piloto es difícilmente comparable a cosas que se hacían en ese momento en otros lugares".

El Diario Regional hizo referencia a la excelencia del plantel de docentes que tuvo esa experiencia educativa. "Es bueno recordarlo, no sólo como una forma de homenajearlos, sino sobre todo para poner una vez más en evidencia luego de recorrer otros sistemas educativos, sobre todo en Europa y de trabajar en ellos, es para decir que la selección que habían hecho las inspecciones de las distintas materias que se enseñaban en el liceo, había puesto delante de esos jóvenes a docentes que no sólo tenían una capacidad reconocida desde el punto de vista del conocimiento de las materias que enseñaban, sino que se entregaron con una disponibilidad pedagógica, tratando de innovar desde el punto didáctico, desde el punto de vista de los métodos y eso es invalorable. Porque desde la perspectiva actual, si uno estudia los informes internacionales en materia de educación, a nadie se le escapa que vive momentos difíciles, algunos hablan de una crisis de la educación en general. Y esos esfuerzos que se llevaron adelante en esos años constituyen todavía un ejemplo a seguir, considerados de una gran significación histórica y cultural".

La dictadura lo dejó sin el cargo de docente, "como a tantos otros en 1976 cuando hubo una destitución masiva e indiscriminada sobre la que no quisiera detenerme demasiado, pero sobre todo era una violación más de los derechos cuando el estado de derecho estaba siendo resquebrajado y destruido por la dictadura que avanzaba, sino que además constituyó para mi un momento que se me negaba no solamente el derecho de ejercer lo que había elegido como profesión, como vocación, sino que más profundamente se tocaba lo más íntimo de la personalidad, es decir se nos negaba la identidad profesional. Estábamos haciendo un trabajo que nos involucraba profundamente y consagrados a una tarea de renovación educativa, el hecho que se nos negaran esos derechos significó para nosotros que se nos negara nada menos que la identidad. Esos son heridas que implican un gran sufrimiento personal, familiar y que toca no sólo a la persona considerada aisladamente, sino que involucra a muchas otras personas que están a su alrededor. De manera que hubo que empezar otra vez de cero".

Esa situación le llevó a dejar Uruguay, "porque otra cosa que se nos negaba no era sólo la posibilidad de ejercer lo que habíamos ganado por concurso, porque todos los que ejercíamos éramos personal calificado, que habíamos estudiado en profundidad nuestra disciplina, como enseñarla de acuerdo a lo que se consideraba en aquellos momentos los métodos más avanzados. No sólo nos negaba ello, sino que se nos ponían obstáculos para trabajar en otras actividades. Afortunadamente yo tenía otro oficio, que gracias a mis padres lo tenía desde que era niño, soy músico y eso me sirvió para abrir un nuevo camino. Hubo que intentar crear nuevas oportunidades de trabajo, sin renunciar a nada, creyendo con la misma fuerza en que lo que estábamos haciendo era lo justo y bueno, y que teníamos que seguir creándonos la posibilidad de seguir haciéndolo, si no era posible en este país, en otro. Y fue lo que sucedió".

Glauco Cabrera destacó a Diario Pueblo: "puedo decirlo con mucho orgullo, era un docente calificado acá, con mi trayectoria. Me costó, como a todo el mundo hacerme un lugar en otro país, pero lo logré y pude retomar mis tareas docentes con la misma fuerza, voluntad y entusiasmo que lo había hecho acá. Y a la vez, ganarme la vida practicando mi otra actividad profesional que es la música y que hasta hoy sigo haciéndolo".

Recaló en París donde reside desde hace más de treinta años. "De ahí he recorrido Europa gracias a mi bandoneón, trabajando con músicos de gran prestigio, de distintas nacionalidades, argentinos, franceses, holandeses. Diario ACCION publicó hace ya unos años mi participación en un festival de música de cámara donde toqué una sinfonía para bandoneón escrita por músico argentino. Es decir tocado en Londres, París, Frankfort, Finlandia y otros puntos de Europa que podría mencionar".

En materia docente "gracias a los conocimientos y experiencia adquiridos en Uruguay me dio la oportunidad de presentarme ante organismos y docentes europeos, enfrentando a jurados que pusieron a prueba mi capacidad, conocimientos, experiencia, mi competencia profesional y eso me permitió acceder a distintos puestos. Por ejemplo a trabajar en "La Sorbona" como profesor, especialmente consagrado a preparar a los licenciados o quienes estaban haciendo sus masters para que descubrieran que es ser un docente en el siglo XX y XXI, trabajaba en módulos de pre profesionalización como le llaman, porque esa gente que ya estaba haciendo su carrera especializada en historia, literatura, derecho, filosofía, matemáticas y tenían una alta calificación, venían a mis cursos para que les mostrara cómo podían utilizar esos conocimientos para enseñarlos. De manera que se me abrió en Francia un campo de trabajo nuevo que me permitió no sólo aplicar y desarrollar lo que yo sabía hacer sino que tuve que inventar, crear, ser imaginativo"

También tuvo experiencia a nivel de la educación continua "porque hice especializaciones en algunas materias, sobre todo en la teoría y la metodología de la investigación, fundamentalmente en lo que tiene que ver con lo que se llama en nuestros días la gran revolución de la información y la comunicación confrontados a toda una problemática nueva producida por la gran cantidad de información que circula en el mundo, informarse, estudiar lo que uno quiere saber se vuelve cada vez más difícil. De manera que para un maestro, un profesor, un profesional o para cualquier persona, implica esfuerzos considerables y grandes dificultades. Como hice esas especializaciones formando bibliotecarios, archivistas, documentalistas, que trabajan en liceos, universidades, en los centros de reclutamiento donde va la gente desocupada a buscar trabajo. Ahí también tuve que ser muy creativo, hacer investigaciones para crear cosas que no existían".

Sugerimos entonces que en definitiva la dictadura le hizo un favor, pero no fue así. "No lo diría en esos términos porque las heridas son demasiado profundas como para considerar que me hicieron un favor, es decir que de todo lo que se destruyó y en ese proceso de destrucción y daño a mi me tocó una parte muy pesada que todavía estoy sufriendo, porque cuando has dado tus concursos, tienes tu puesto efectivo, estás en tu casa con tu familia, con tu liceo, con tus amigos, con tus colegas y tu vida está ya encaminada con finalidades trascendentes, porque vos crees que estás haciendo cosas muy importantes, eso se corta, no es hacerle un favor a nadie. Sucede que cuando una persona se ve tan profundamente afectada en su dignidad personal y profesional, saca fuerzas de flaquezas y se ve confrontado a situaciones inéditas, tiene que ser imaginativo, combativo, trabajar todos los días. Y puedo decir que hasta ahora puedo seguir haciéndolo, tengo 72 años y sigo trabajando como cuando tenía 23 y gané mi concurso de oposición libre en historia en mi país".

Y el tango y el bandoneón lo devolvió a los pagos... "Como te decía, estudié bandoneón desde los 7 años en mi barrio, con mi maestro de barrio. Trabajé con las orquestas, toqué con todos los músicos de Mercedes, Gioia y sus Rítmicos, Samagal, Aladin Ríos en fin, con todos... y la última cosa que hicimos en los últimos años cuando la situación se complicaba enormemente desde el punto de vista profesional, hicimos con Julio De Biasse y Carlitos Levis el Piabamba Trío, que dio mucho que hablar, realizamos cosas muy interesantes.

El tango me sigue, el bandoneón sigue pegado a mis manos. He hecho una carrera musical en Europa, he tocado en la Comedia Francesa cuando Piazzolla le puso música a una obra de Shakespeare, grabé la música para "Tangos en el siglo de Gardel" de Fernando Solanas, una película que ganó premios por todos lados, ahí lo acompaño al "Polaco" Goyeneche, podría seguir enumerando muchas cosas importantes que he hecho con el bandoneón.

Ahora estoy en Buenos Aires desde hace casi un mes acompañando a una persona prestigiosa y reconocida que es el "Tata" Cedrón, los otros días llenamos el teatro Cervantes con 1.800 personas y quedó gente afuera. El me invitó para que viniese a tocar con él, ya habíamos tocado juntos en Francia. Realizamos una gira por varias provincias argentinas que fue todo un éxito... Siempre con el fuelle, con el bandoneón, acordándome de mis amigos y todo lo lindo que había acá en Mercedes para hacer" La última, como el tango... ¿volverías al pago para quedarte? y Cabrera aprieta el fuelle de los recuerdos y señala "lo digo y repito y lo he escrito en ACCION cuando me invitaron para que hiciera un artículo cuando falleció un colega que era Daniel González, como decía el "Gordo" Pichuco... yo nunca me fui de mi barrio... y aquí estoy...".

Fuente:

viernes, 12 de julio de 2013

"La lectura da resultados a lo largo del tiempo"



“La lectura da resultados a lo largo del tiempo”
Por Alfredo Dillon

La escritora cordobesa, ganadora el año pasado del Premio Hans Christian Andersen, habló con Clarín Educación sobre su obra, el lugar de la literatura en la escuela y la importancia de construir lectores y escritores desde el aula.

Narradora, poeta, docente y capacitadora, especialista y difusora de la literatura infantil y juvenil: la mujer en cuestión es María Teresa Andruetto, escritora nacida en Córdoba en 1954 y ganadora en 2012 del Premio Hans Christian Andersen, equivalente al Nobel de la literatura para chicos, que nunca antes había quedado en manos de un argentino.

Andruetto es autora de decenas de obras para niños y jóvenes, además de libros de poemas, ensayos y novelas para adultos. Traducida al alemán, gallego, italiano e inglés y ganadora de varios premios nacionales e internacionales, la escritora habló con Clarín Educación sobre su obra, sobre el lugar de la literatura en la escuela y la importancia de construir lectores y escritores desde el aula.

***
–Has trabajado mucho en la difusión de la literatura infantil y juvenil. ¿Qué rol tiene la escuela en esta tarea?
–La escuela es la gran ocasión, como dijo Graciela Montes. Uno se puede formar como lector en la casa y llegar a la escuela con un capital lector. Pero la escuela es un lugar igualador, un lugar de acceso al libro y a la cultura escrita, un lugar de intercambio con otras personas. La escuela es una gran oportunidad, es la gran oportunidad social. Sobre todo, la escuela pública.

–¿La literatura que se escribe hoy en Argentina llega a las escuelas?
–Sí. Yo antes de ir a las escuelas como escritora, fui como formadora de lectura, como capacitadora, como docente de talleres de escritura creativa. Yo veo un crecimiento enorme en la realidad escolar argentina. Sobre todo un crecimiento de conciencia muy grande en los docentes, acerca de la importancia del libro y de la literatura. Veo un crecimiento en la capacitación de los maestros; veo prosperar ferias del libro en muchos lugares del país. También veo un crecimiento muy grande en la dotación de libros por parte del Estado a las escuelas. Hay mucho por crecer todavía, porque nuestra sociedad es muy desigual en muchos aspectos. Y la lectura, el acceso al libro y al conocimiento, forma parte de esa desigualdad.

–¿De qué manera pueden contribuir los docentes a formar lectores?
–Un maestro constructor de lectores, para empezar, tiene que ser un apasionado lector, de manera que pueda elegir libros que sean interesantes, diversos, y que pueda ir llevando distintos materiales que a él le gusten y que quiera compartir con el grupo. Ahí está el saber importante de ese maestro, que se refleja en esa selección de libros que lleva. También tiene que ser alguien muy convencido de lo que está haciendo, para sostener ese espacio de lectura frecuente en la escuela, en el grupo o en la biblioteca. Esa lectura se va enriqueciendo: si uno ha leído 50 libros, el libro número 51 lo lee de otra manera que cuando ha leído dos. Eso va a dar resultados a lo largo del tiempo. Y esos resultados se pueden ver en muchos lugares: se van a ver en la clase de Lengua, porque va a mejorar la relación con la lengua; se va a ver en el uso de la biblioteca en la escuela, porque seguramente esos chicos van a buscar más libros prestados; se va a ver en el uso de la palabra oral y escrita de ese chico en los distintos espacios de su vida. También me parece que se puede ver en la autestima de los chicos. Un chico acostumbrado al tránsito por los libros es un chico que se siente más seguro de sí, de la palabra que usa y de la relación con los otros.

–¿Qué valor tiene el taller de escritura, y qué lugar debería tener en la clase de Lengua?
–Para mí el espacio de los proyectos de lectura, la construcción de hábitos lectores y los talleres de escritura creativa deben separarse de la clase de Lengua. Lo que sucede habitualmente es que la enseñanza de la lengua en la escuela requiere de tanto tiempo y tanto esfuerzo, que se come los otros espacios.
Un niño o un joven tiene en la escuela espacios para aprender muchas cosas, pero pocas veces se presenta un espacio para saber acerca de uno mismo. Un taller de escritura creativa tiene que ver con eso: un espacio de introspección con las palabras; un espacio que a través de ciertas técnicas y ciertos estímulos de un coordinador permita un encuentro de cada uno consigo mismo; un espacio que va armando un empoderamiento –por traer una palabra muy al uso–, una conciencia de sí y una construcción del pensamiento. Y también es un espacio de construcción de las emociones, de lo que se siente y lo que se es.

–En cierta literatura infantil existe la idea de que tiene que haber una moraleja… ¿Qué lugar deberían tener los valores en la literatura infantil?
–En la buena literatura los valores, las ideas, las ideologías no se notan, no se explicitan. Entran en la trama de un modo natural, le pertenecen absolutamente al relato, de modo que no se pueden aislar a la manera: “Este libro enseña tal cosa o tal otra”. Yo creo que la literatura nos puede enseñar muchas cosas sin que seamos conscientes de eso, porque lo que nos enseña, en todo caso, no es lo mismo para cada lector y no es una sola cosa. Si algo nos enseña fuertemente, es a hacernos preguntas. No nos da una respuesta. Una novela, un cuento, un poema nos obliga a preguntarnos, nos pone en la encrucijada de cuestionarnos a nosotros mismos, seamos niños, jóvenes o adultos. Preguntarnos acerca de lo que somos, acerca de lo que hacemos, de mil maneras y de maneras muy distintas para cada lector. Si algo tiene el arte, es esa capacidad de plantarnos en la incerteza.

– Para terminar, ¿qué libro debería leer todo estudiante en su paso por la escuela y por qué?
–Si yo cierro mis ojos y veo mi relación con los libros, veo como un abanico, una multiplicidad. Siempre he sentido que la lectura era eso: un tránsito por muchos libros de distintas calidades, intereses, temáticas, editoriales, edades. Pienso en la calidad, pero también en la diversidad. Yo alimentaría el deseo, el interés de un chico. Cuando he tenido un grupo de jóvenes conmigo, he alimentado lo que veía que aparecía como interés en ese chico, y a su vez he intentado acercar algunas otras cosas para ver si ese campo de lectura se abría. Desde la historieta de calidad, hasta la historieta alternativa, los libros ilustrados, los libros álbum, los clásicos, lo muy contemporáneo, la poesía, la ruptura. Yo fogonearía con una gran diversidad de materiales.
Leer es también un acto de arrojo, es como abrirse al mundo y sentirse en libertad de desechar materiales. Es un ir buscando las palabras de otro para encontrarse a uno mismo. Porque lo que uno hace cuando lee no es entender al que escribió, sino entenderse un poquito más a uno mismo y al mundo en que uno vive. Respondiendo  aquella pregunta que nos hacíamos cuando yo estudiaba, en los setenta, de “¿Para qué sirve la literatura?”: bueno, para conocernos a nosotros mismos. Para conocer nuestra condición humana un poquito más.

Para saber más sobre María Teresa Andruetto: www.teresaandruetto.com.ar.

Nota publicada el 11/07/2013 en Clarin.

jueves, 27 de junio de 2013

Sobre los 50 años del Cuarteto Cedrón : "Por prepotencia de trabajo"

Hace unos días escribí un texto sobre las dificultades que aquejan a los artistas populares en Argentina. No me olvido del tema. Lo retomaré. Me parece de vital importancia poder instalarlo y discutirlo como problema: reconocer que parte de nuestros artistas no están trabajando en las condiciones que se merecen y que su trabajo se ve a menudo obstaculizado por las más variadas presiones y falta de atenciones. Pero hoy vengo a hablar de otra cosa. (Aunque quizás es lo mismo). Hoy quisiera celebrar el hecho de que, a pesar de las dificultades, el Cuarteto Cedrón sigue estando con nosotros.

Son cincuenta años de trabajo los que se van a festejar el próximo 3 de julio en el Cervantes. Y es primera vez… creo que es primera vez que el festejo de una nueva década se hace en Argentina.

En este concierto estarán: Juan “Tata” Cedrón (guitarra y voz), Miguel Praino (viola), Román Cedrón (contrabajo), Daniel Cabrera (bandoneón). Aunque algunos podrían ser los padres de los otros –de hecho lo son– todos son viejos compañeros. Hace cincuenta años que Tata y Miguel Praino tocan juntos. Hace veinte que Román Cedrón es el contrabajista del Cuarteto. En los años 1990 y 2000, Daniel Cabrera –músico uruguayo, residente en Francia– se integró a la formación con su bandoneón y participó en distintos proyectos como la creación en Avignon de Antígona, en la que el Cuarteto hacía el Coro, y La Típica, orquesta de catorce músicos que revivió para un público francés los estilos de las grandes orquesta de tango.

Algunos ven en el Cuarteto algo así como un sueño que tuvo Tata. Desde esa perspectiva se podría decir que es un sueño realizado. El Cuarteto Cedrón nos guste mucho, poquito o nada, existe. Tiene una obra. Ocupa un lugar. Y existe a la manera de todo lo que existe. Pero, más que nada, a la manera de un árbol. “De la raíz a la copa”. Se cree que puede tocar el cielo y quizás puede. Pero lo que más tiene es raíz. Cantidad de raíces que van a nutrirse en las diferentes capas de tierra que conforman la Argentina. Y que se extienden, se extienden, no paran nunca de extenderse y de explorar los mundos subterráneos. En esos mundos subterráneos, el Cuarteto Cedrón es un sol. Si alguno tiene dudas que escuche el último disco. (Esto no es publicidad: es educación sonora). Ese disco alumbra. Se recomienda escuchar todos los temas pero como esta nota la escribo yo y como yo es arbitrario, escuchen primero “Siete”. Luego, el disco. “En vivo”. Así se llama ese trabajo y es una grabación del año 1988. En 1988 no estuvimos. Muchos no estuvieron. El 3 de julio podemos estar. En vivo. Vivos.

Cuando un grupo de músicos se mantiene por tantos años como identidad, como unidad, como conjunto sonoro, esa palabra –vivos– toma un matiz especial. Cada vez se notan más las ausencias. Se podría hacer una larga lista de invitados que no ocuparán butacas pero que estarán, sin duda, en el Cervantes. Los traerán sus hijos, sus sobrinos, quizás sus nietos, sus amigos, los amigos de sus amigos. Porque de eso se trataba, también, de reunir alrededor. O sea de amistad, de hermandad, de hacer las cosas con otros, para otros. Hay quienes dicen que el Cuarteto es un hombre solo. Se equivocan. Salvo si es una metáfora porque a menudo el Cuarteto debe pelear y en esos días pareciera, casi pareciera que está solo en medio de la contienda. Pero no. El Cuarteto es una de las más formidables obras conjuntas que ha visto nacer este país en los últimos 50 años. Eso fue Gotán. Eso fue el Taller de Garibaldi. Eso fue el disco Madrugada. Eso fue el permanente homenaje que los músicos han rendido a los poetas. Y eso es hoy la presencia de los músicos en Argentina. Ellos están acá “por prepotencia de trabajo”: el suyo.

El resultado de todo eso es una obra sonora. No se puede leer al Cuarteto aunque algunos escriban libros sobre el grupo. Al Cuarteto hay que escucharlo. Y en esa posibilidad que nos damos de escucharlo o no escucharlo se juegan también muchas cosas.

(Volveremos sobre estas cuestiones, más allá de los festejos, porque son temas que les importan a ellos, los músicos y a nosotros que no queremos vivir sin músicos: ¿qué escuchamos? ¿Por qué? ¿Para qué? Y ¿qué pasa cuando no escuchamos? ¿Qué tipo de persona se va construyendo en ese escuchar y en ese no escuchar? ¿Quién determina, en definitiva, lo que escuchamos? ¿Existe la libertad sonora? ¿O también ahí, a nivel de nuestros oídos, hubo una dictadura que duró mucho más que siete años?).

Por último, en los conciertos del Cuarteto Cedrón sucede también algo curioso. Sucede en los teatros y en la vereda. No tiene que ver con los lugares. Así como hay ausentes, hay  rostros nuevos. Y eso también le da un matiz especial a la palabra “vivos”. Resulta conmovedor ver a los jóvenes, cada vez más jóvenes, que se acercan a la obra del Cuarteto. Ahí también hubo obstáculos en el camino. Casi se podría decir que todo fue hecho para que ese encuentro no se produjera. Y sin embargo se produjo. Se sigue produciendo. 

Entonces, este festejo del 3 de julio es también un homenaje a la perseverancia. De un lado y otro del escenario. Perseverancia de los músicos y de su público. Unidos. A pesar de los pesares.


Antonia García Castro*



* Autora de "Cuarteto Cedrón. Tango y Quimera", Ed. Corregidor, 2010.

miércoles, 26 de junio de 2013

"Angelitos Negros"



En el año 1982, entré a trabajar como maestra suplente, en el Barrio Charrúa, que no por llamarse así, está precisamente habitado por uruguayos en su mayoría, sino más bien, por la comunidad boliviana, chilenos, y también paraguayos. Como a mi me designaron 2 días más tarde, que a la otra maestra que tenía un 2º grado igual que yo, ella aprovechó para elegir de todos los niños que había, a los más rubiecitos y castañitos, dejándome para mí a todos los nenes negros y morochitos, sin saber, que mi debilidad en este mundo son los negros y los morochos. Todo comenzó a funcionar, hasta que a los pocos días mis alumnos me dijeron, que los chicos de 2º "A" les decían: negros bolivianos y chinos cochabambinos. Esa noche al regresar a casa recordé que tenía un casete de Los Olimareños donde interpretaban el tema “Angelitos Negros” Al otro día lo llevé y lo escuchamos. Yo no tendría el dinero para pagar, el placer que me dio ver los rostros de esos niños mientras escuchaban, luego hablamos, reflexionamos, y nos expresamos juntos, y puedo asegurar que desde ese día, nunca, pero nunca más, se habló del tema de la negritud en el aula, a menos que no fuese para reivindicarla, y valorarla. Todo esto lo escribo porque una amiga me anda diciendo porqué no escribo un libro sobre mis experiencias docentes, los docente y los niños. No puedo contar las maravillas escritas, pintadas, y talladas, que surgieron, de la escucha de “Angelitos Negros” y escribo esto como un tributo a sus autores y la pasión de esos dos grandes que fueron y son Los Olimareños.

María Cristina Amatti Scibona


viernes, 10 de mayo de 2013

Jorge Cedrón en Players vs Angeles Caídos, una película de Alberto Fischerman (1969)

En esta película participó, como actor, el cineasta Jorge Cedrón (1942-1980) a quién le debemos entre otros importantes trabajos la adaptación cinematográfica de Operación Masacre (1972). Se aprovecha la ocasión para anunciar que se está trabajando en una próxima edición de las obras del cineasta en formato DVD, así como en la reedición del libro que le dedicara Fernando Martín Peña. Avisaremos cuando llegue el momento. Respecto a la aparición del Tigre, ver en especial los 5 primeros minutos y los siguientes: 1.10.13 / 1.15.10 / 1.18.36. 

martes, 30 de abril de 2013

Otro padre...



“Para mí, un militante, un cuadro, un hombre nuevo es aquel que cuando sueña con sus hijos, cuando desea que sus hijos estudien, que tengan salud, que tengan una vida digna, que tengan una vida justa, no está soñando solamente con sus hijos, está soñando con todos los hijos de un pueblo, de una patria o del mundo”.

Enérico García Concha

miércoles, 24 de abril de 2013

"Mi padre"



“…El ciego sol, la sed y la fatiga…”, decían los versos escuchados tantas veces a Lucho, en esas tardes domingueras cuando iba a casa o salíamos a la Quinta Normal en los paseos de hombre separado con hijos. Eran los versos de Castilla de Manuel Machado,  que ni por el franquismo del autor,  habían sido desterrados de su poemario preferido.

“Por la terrible estepa castellana”... me vino a la mente esa mañana de diciembre de 1973, cuando el calor subía desde la tierra y esperábamos que los guardias militares revisaran nuestras carteras y bultos, en la entrada al campo de prisioneros de Chacabuco. 

 

 
La iglesia, la Filarmónica, el teatro, casas alineadas en callejones, torres de vigilancia con personal armado. El todo rodeado de alambrada de púas. Luego sabríamos que además, había sido rodeado  de minas anti-personales. El ingreso al teatro que brillaba de limpito, con sus tablas anchas, hermosas y lustradas.  Al frente, limpio también, e inútil, el escenario. La escena estaba ahora en la platea. Bancas largas, perfectamente ordenadas donde se sentarían unos cinco prisioneros y sus respectivas visitas, flanqueados por un conscripto en cada cabeza. No fuera que se hablara más de lo debido.

Las bambalinas, en un edificio renombrado en medio de la antigua Alameda de Las Delicias.

Sentarse y esperar que venga el prisionero, el que luego entrará en medio de una fila ordenada y silenciosa. Entre ellos el recitador de antaño. Los versos por primera vez detenidos y casi olvidados. La miseria del Estadio, la ignominia del viaje en el barco Andalién, han relegado la poesía y la risa. Los han cubierto también las andanzas de un puma que sembraba  de cadáveres los caminos y el desierto. Sin saludar, mi padre pregunta si es cierto que han fusilado a su amigo y camarada Mario Silva en Antofagasta. Hablamos de la familia, del estado de su hija embarazada y de naderías. Por primera vez los ojos de mi padre dicen más que su boca. Me pide libros, entre ellos un tomo de Estudio de la Historia  de Toynbee y me recomienda que cuide mi salud...

Se retiran los prisioneros y luego las visitas. El bus parte con su carga ahora silenciosa. Van quedando atrás solo unos alambres de púas, que detienen el paso de los hombres que miran con ojos ansiosos al grupo que pareciera ir hacia la libertad y que en realidad se devuelve a una cárcel un tanto más grande, lo mismo de amarga.

Hoy, con su suerte de gozador de la vida, ni el Estadio, ni Chacabuco, están en sus recuerdos. Sin embargo, cuando estuvimos juntos hace poco más de un año, me recitó como antes, como hace más de cincuenta años: “...el ciego sol, la sed y la fatiga... por la terrible estepa castellana, al destierro, con doce de los suyos –polvo, sudor y hierro– el Cid cabalga”.

Luisa Castro Nilo

viernes, 12 de abril de 2013

Sobre Mario Superby Jeldres

BREVE INFORMACIÓN SOBRE LA MUERTE DE MARIO


"El 23 de diciembre de 1973 fueron ejecutados por carabineros en el sector de Molco, Choshuenco, en el Complejo Panguipulli, dos personas:
- Hugo Rivol VASQUEZ MARTINEZ, 21 años, estudiante universitario, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR);
- Mario Edmundo SUPERBY JELDRES, 23 años [militante del MIR].
Ambos se encontraban internados en la montaña, en el sector de Choshuenco, desde donde bajaban al pueblo esporádicamente a alimentarse. Según información de prensa de la época, « dos extremistas fueron muertos durante el transcurso de un operativo que hicieron a las 23,45 horas funcionarios de Choshuenco al lugar denominado Molco. En momentos que Carabineros patrullaba el sector fueron atacados con disparos de armas por los extremistas, repeliendo de inmediato el ataque. Durante la balacera fue muerto con impactos en el tórax Hugo Rivol Vásquez Martínez, 21 años, el que portaba un rifle marca Winchester de repetición. Andaba con otro sujeto apodado «El Braulio», quién fue herido en las piernas y mientras era conducido al Hospital de Panguipulli dejó de existir en el camino ».
La Comisión se formó convicción que el enfrentamiento informado no ocurrió, y que las muertes de ambos afectados constituyó una violación a sus derechos fundamentales de responsabilidad de agentes del Estado que usando innecesaria o excesivamente la fuerza, dispararon sobre ellos". 

Más información sobre el caso y las acciones judiciales emprendidas ACA".


***

EPÍLOGO DEL LIBRO “TODOS LOS DÍAS DE LA VIDA. RECUERDOS DE UN MILITANTE DEL MIR” DE ENÉRICO GARCÍA CONCHA, EDITORIAL CUARTO PROPIO (SANTIAGO DE CHILE, 2010)


Mario Superby J. (1950-1973)



12 de abril


Hacía varias semanas que el amigo soñaba con Mario. Eso fue lo que te comentó, sin dar mayores precisiones, notando simplemente la insistencia, la sorprendente presencia de Mario en sus sueños.
Opinaste, entonces, lo siguiente:
–Será que Mario nos está pidiendo que lo vayamos a ver.
Y agregaste:
–Falta poco para su cumpleaños. Lo que yo te propongo es que vayamos en esa fecha.
El 12 de abril (que en el año 2006 fue un día miércoles), ambos se dirigieron al Cementerio General de Santiago.
No conocías el lugar exacto de la tumba. Habías estado en el velorio, no así en el entierro al que concurrieron, además de amigos y familiares, uniformados y no uniformados, representantes de las mismas fuerzas que, el 23 de diciembre de 1973, asesinaron a Mario Superby Jeldres. El amigo tampoco sabía. Mario no figuraba en los registros de la oficina de informaciones pero se pudo identificar el mausoleo familiar.
En sus alrededores, una mujer, empleada del cementerio, estaba limpiando. Los vio aproximarse, escuchó la pregunta acerca de un mausoleo y les dijo:
–Ah... Ustedes están buscando al hijo de doña Clarisa.
Aunque sorprendido, no atinaste a decir otra cosa que sí, que eran amigos. Y que “yo a Mario lo conozco desde chico porque éramos vecinos”. Preguntaste:
–Dígame... ¿Doña Clarisa está viva?
Supiste que iba al cementerio una vez al mes. Probablemente te emocionaste. No sólo por los duraznos sino también por las palabras que ella te dijo, algunos años después de la muerte de Mario (sobre tu propia madre, sobre doña Julia).
La señora les indicó el mausoleo.
–Este... – preguntaste en voz baja, sin muchas esperanzas -, usted... ¿nos abriría la puerta? ¿nos dejaría entrar?
Y los dejó.
Ya más cerca de Mario, pensaste que probablemente doña Clarisa iba a venir, al igual que ustedes, por ser 12 de abril. Le pediste al amigo que fuera a comprar un ramo de flores y una botella de vino. Tú te quedaste en el mausoleo. Conseguiste una escoba y te pusiste a barrer. Estuviste un buen tiempo, así, barriendo la tumba de Mario.
El amigo había vuelto con las flores y el vino, cuando a lo lejos divisaron la silueta de una mujer. Se detuvo. Era evidente que los había visto y apuró el paso.
La mujer tendría más de ochenta años. Alta, erguida, ancha y fuerte, los encaró.
–¡Y ustedes quiénes son!
–Doña Clarisa - dijiste. ¿No me reconoce? Soy...
Luego presentaste al amigo.
Clarisa Jeldres reconoció, escuchó el motivo invocado y con expresión de asombro, les preguntó:
–Y ustedes... ¿todavía se acuerdan de mi hijo?
–Todos los días de la vida... doña Clarisa.
(Esas fueron tus palabras. Y se las repetiste).
–Todos los días de la vida.

AGC

domingo, 7 de abril de 2013

Congrio a la cuyana

Este relato de Carlos Semorile fue "preparado" en el marco de una invitación específica a escribir sobre cocina e inmigración. Si alguno de los lectores tuvo una experiencia de este tipo y si tiene ganas de contarla, puede acercarnos su testimonio. La idea era abordar el tema de la inmigración desde su cocina y en sus más diversas facetas. A veces se trataba de mantenter un gusto, un sabor, olores, a la distancia. Otras veces se trataba de adentrarse en el país y en la cultura (las culturas) que recibía(n), aprendiendo a comer platos diferentes. Otras se armaron increibles mestizajes culinarios... Etc. Publicaremos otros textos de esta serie.

***

Olga Maestre fue una de esas cocineras del pueblo que aprenden su oficio paliando el hambre de sus críos en humildes cocinas y con lo que tienen a la mano. Hasta el final de sus días, su especialidad fue el bife a la criolla, bien jugosito y, por lo mismo, acompañado de una buena cantidad de pan. Podría haberme muerto creyendo que era un plato “de diseño” si no hubiese descubierto que en la zona cuyana argentina, y también en Chile y en Perú, se lo conoce como “bife a lo pobre”. Olga había nacido en San Juan y toda una cordillera, y una mala comunicación interregional, la separó de los pescados chilenos y otras delicias del Pacífico. Pero durante su exilio en Santiago tuvo que darse maña con los frutos del mar, más específicamente con el congrio y en dos oportunidades. La primera era toda una prueba, pues se trataba de una familia chilena, así que había que esmerarse. Con la desconfianza de las gentes criadas en los valles hacia las carnes no vacunas, sazonó el congrio con limones y naranjas, y lo aromatizó con varias especies. La prueba fue superada: los Viñas se mostraron tan sorprendidos como satisfechos. La segunda visita era un “compañerazo” que estaba de paso y al que se proponía agasajar repitiendo la experiencia. Y mejorándola. Los cítricos, desde ya, pero muchas más hierbas que la vez anterior, de modo que el congrio estuviese bien adobado y perfumado. Horas y horas de trabajo y dedicación en la cocina de la calle Foster. Le salió exquisito, y la consigna era no pedir de repetir por si al cumpa le apetecía hacerlo. Cosa que efectivamente sucedió, un par de veces. Un éxito. Sólo restaba el comentario del agasajado para cerrar la jornada con gloria y honor: “Muy bueno, doña Olga”. Pero, ay!, agregó: “Sencillito, como me gusta a mí”. 

Carlos Semorile

lunes, 25 de marzo de 2013

Emigrantes - Una novela sin palabras



¿Qué es lo que lleva a tanta gente a dejarlo todo atrás para viajar hacia un país desconocido, un lugar en el que no tienen familia ni amigos, donde nada tiene nombre y el futuro es una incógnita? Esta novela gráfica sin palabras es la historia de cualquier emigrante, refugiado, desplazado, y un homenaje a todos los que han realizado el viaje.

SHAUN TAN es autor e ilustrador de “La cosa perdida” y “El árbol rojo”, ambos galardonados con numerosos premios internacionales y con una mención de honor en el premio Bologna Ragazzi, ambos publicados también por Barbara Fiore Editora. Entre los libros ilustrados por Shaun anteriores a éstos se incluyen “The Rabbits”, de John Marsden (Libro ilustrado del año de la CBCA), y dos más con Gary Crew: “Memorial” (un libro de honor de la CBCA) y “The Viewer” (ganador del premio Crichton de ilustración). En 2001, Shaun  recibió el World Fantasy Best Artist Award por el conjunto de su obra.

EMIGRANTES es un libro ilustrado sin palabras, una novela gráfica silenciosa. A través de una serie de imágenes conectadas, cuenta la historia de un emigrante anónimo que deja su país natal en penosas circunstancias, cruza un océano hasta una nueva ciudad y aprende cómo vivir en ella.
La historia podría haber ocurrido en torno al año 1900, coincidiendo con las grandes corrientes migratorias de Europa hacia países como Australia y Estados Unidos. La mayor parte de mi investigación inicial se basó en historias autobiográficas recogidas por emigrantes tanto en este periodo como más recientemente; sin embargo, el mundo del libro surge, en última instancia, de referencias directas: mi interés como artista ha sido desplazar al lector con el fin de explorar mejor la idea de ser un inmigrante dentro de una cultura ajena. La ciudad donde se ilustran la mayoría de los sucesos es imaginaria; en ella, aspectos fundamentales como el idioma, el transporte, la comida, la vivienda y el trabajo son bastante extraños y, a menudo, surrealistas.
Una de las razones fundamentales por las que decidí prescindir del texto fue destacar este principio: el protagonista no puede leer ni comprender nada, así que el lector tampoco debería poder. Además, hay una lógica interna en la que todos los detalles que pueden apreciarse a medida que la historia progresa (cómo funcionan las cosas, etc.) y la ausencia de narrativa escrita parecen invitar a una lectura visual más cercana y mucho más pausada. El misterio de ese mundo se mantiene también por la ausencia de explicaciones y sugiere un viaje irreal, que es lo que he tratado de encontrar: un equivalente ficticio a la realidad a la que se enfrentan muchos inmigrantes, tanto los de otra época como nuestros contemporáneos.
La creación de lo que es, en realidad, una fantasía “social-realista” también resulta valiosa al aprovechar la naturaleza universal de todas las historias sobre migraciones, que comparten hilos comunes en los que no importan ni los lugares ni las épocas concretas, donde los individuos son de donde vienen y adonde van. Además de no necesitar traducción, considero que el material gráfico debería ser igualmente comprensible para lectores de diferentes procedencias, careciendo por sí mismo de cualquier referencia cultural. Esto fue probablemente mi mayor desafío al diseñar el libro, que tiene un sencillo formato de novela gráfica: cómo hacer que las cosas estén claras y llenas de significado, pero sean reconocibles sólo marginalmente y estén abiertas a múltiples interpretaciones.
El estilo de las ilustraciones surge sobre todo de esas viejas fotografías color sepia, auténticos documentos de la vida social de los siglos xix y principios del xx, y de algún modo el libro se comporta como una película muda, silenciosa. Mis dibujos están hechos todos a lápiz y son bastante “fotorrealistas”; intentan crear un mundo convincente de personas, animales, edificios, objetos domésticos, vehículos y paisajes naturales, todos ellos imaginarios. Una de mis primeras ideas fue hacer que el libro se pareciera a un extraño álbum de fotografías, pues me parecía que ese tipo de álbumes eran como libros ilustrados y silenciosos.
Confío en que mi libro se “lea” en parte, como una novela sobre inmigración, pero también que vaya más allá de cualquier cuestión social: que se entienda cómo las circunstancias pueden cambiar inevitablemente en la vida de todos nosotros, y cómo las personas aprenden a adaptarse y a aceptar las nuevas situaciones, sin importarles lo extraño o desconcertante que parecen al principio.


domingo, 24 de marzo de 2013

Caso Gaspar por Elsa Bornemann



Aburrido de recorrer la ciudad con su valija a cuestas para vender —por lo menos— doce manteles diarios, harto de gastar suelas, cansado de usar los pies, Gaspar decidió caminar sobre las manos. Desde ese momento, todos los feriados del mes se los pasó encerrado en el altillo de su casa, practicando posturas frente al espejo. Al principio, le costó bastante esfuerzo mantenerse en equilibrio con las piernas para arriba, pero al cabo de reiteradas pruebas el buen muchacho logró marchar del revés con asombrosa habilidad. Una vez conseguido esto, dedicó todo su empeño para desplazarse sosteniendo la valija con cualquiera de sus pies descalzos. Pronto pudo hacerlo y su destreza lo alentó.

—¡Desde hoy, basta de zapatos! ¡Saldré a vender mis manteles caminando sobre las manos! —exclamó Gaspar una mañana, mientras desayunaba. Y —dicho y hecho— se dispuso a iniciar esa jornada de trabajo andando sobre las manos.

Su vecina barría la vereda cuando lo vio salir. Gaspar la saludó al pasar, quitándose caballerosamente la galera: —Buenos días, doña Ramona. ¿Qué tal los canarios?

Pero como la señora permaneció boquiabierta, el muchacho volvió a colocarse la galera y dobló la esquina. Para no fatigarse, colgaba un rato de su pie izquierdo y otro del derecho la valija con los manteles, mientras hacía complicadas contorsiones a fin de alcanzar los timbres de las casas sin ponerse de pie.

Lamentablemente, a pesar de su entusiasmo, esa mañana no vendió ni siquiera un mantel. ¡Ninguna persona confiaba en ese vendedor domiciliario que se presentaba caminando sobre las manos!

—Me rechazan porque soy el primero que se atreve a cambiar la costumbre de marchar sobre las piernas... Si supieran qué distinto se ve el mundo de esta manera, me imitarían...Paciencia... Ya impondré la moda de caminar sobre las manos... —pensó Gaspar, y se aprestó a cruzar una amplia avenida.

Nunca lo hubiera hecho: ya era el mediodía... los autos circulaban casi pegados unos contra otros. Cientos de personas transitaban apuradas de aquí para allá.

—¡Cuidado! ¡Un loco suelto! —gritaron a coro al ver a Gaspar. El muchacho las escuchó divertido y siguió atravesando la avenida sobre sus manos, lo más campante.

—¿Loco yo? Bah, opiniones...

Pero la gente se aglomeró de inmediato a su alrededor y los vehículos lo aturdieron con sus bocinazos, tratando de deshacer el atascamiento que había provocado con su singular manera de caminar. En un instante, tres vigilantes lo rodearon.

—Está detenido —aseguró uno de ellos, tomándolo de las rodillas, mientras los otros dos se comunicaban por radioteléfono con el Departamento Central de Policía. ¡Pobre Gaspar! Un camión celular lo condujo a la comisaría más próxima, y allí fue interrogado por innumerables policías:

—¿Por qué camina con las manos? ¡Es muy sospechoso! ¿Qué oculta en esos guantes? ¡Confiese! ¡Hable!

Ese día, los ladrones de la ciudad asaltaron los bancos con absoluta tranquilidad: toda la policía estaba ocupadísima con el "Caso Gaspar—sujeto sospechoso que marcha sobre las manos".

A pesar de que no sabía qué hacer para salir de esa difícil situación, el muchacho mantenía la calma y —¡sorprendente!— continuaba haciendo equilibrio sobre sus manos ante la furiosa mirada de tantos vigilantes. Finalmente se le ocurrió preguntar:

—¿Está prohibido caminar sobre las manos?

El jefe de policía tragó saliva y le repitió la pregunta al comisario número 1, el comisario número 1 se la transmitió al número 2, el número 2 al número 3, el número 3 al número 4... En un momento, todo el Departamento Central de Policía se preguntaba: ¿ESTA PROHIBIDO CAMINAR SOBRE LAS MANOS? Y por más que buscaron en pilas de libros durante varias horas, esa prohibición no apareció. No, señor. ¡No existía ninguna ley que prohibiera marchar sobre las manos ni tampoco otra que obligara a usar exclusivamente los pies!

Así fue como Gaspar recobró la libertad de hacer lo que se le antojara, siempre que no molestara a los demás con su conducta. Radiante, volvió a salir a la calle andando sobre las manos. Y por la calle debe encontrarse en este momento, con sus guantes, su galera y su valija, ofreciendo manteles a domicilio... ¡Y caminando sobre las manos!

Copyright Elsa Bornemann c/o Guillermo Schavelzon & Asoc., Agencia Literaria

jueves, 14 de marzo de 2013

Las lentejas de Lacan bajo el credo del Islam



(A raíz de este auge pontificio, comento en el muro de la amiga Teresa Perrone mis ganas de vivir alguna vez bajo un completo sistema republicano. Teresa, de onda, me advierte que hay repúblicas islamistas, feítas-feítas, y eso me lleva a recordar este ya lejano episodio):

Ay!, el Islam, Teresa. Hace muchos años atrás, estando yo con una amiga, me reencontré con un primo lejano que se había casado con la mejor amiga de la más tierna infancia de mi amiga (se entiende, no?). Para celebrar ambos reencuentros, los invité a los 3 a mi casa,  una semana más tarde, a cenar unas lentejas bien criollazas. Mi primo y su mujer me aclararon que ellos eran vegetarianos y que aceptaban las lentejas, pero sin chorizo colorado, sin panceta, sin pimentón, en fin…

La cosa es que durante el encuentro, nos contaron que, junto con estar culminando la carrera de Psicología, ambos eran aplicados estudiosos de Lacan, del cual leían la mismas 3 páginas desde hacía un año en un grupo “ad hoc”, intentando desentrañar su sentido más hondo. Ipso facto, nos dijeron que, además, los dos se habían pasado al Islam, y que ahora, luego de años de catolicismo en un caso, y de agnosticismo en el otro, eran devotos de Mahoma. Imaginate: quisimos saber cómo compaginaban el Islam con Lacan. Las explicaciones se sucedían pero no eran demasiado satisfactorias: eran, para que te des una idea, una lectura lacaniana del Islam y, en otros momentos, una lectura islamista de Lacan.

Mientras tanto, estos amigos tan eclécticos abandonaron las lentejas sanitas y comenzaron a dar cuenta de las lentejas hechas con panceta, chorizo colorado y la mar en coche. También se pasaron del agua mineral al vino, y vaya uno a saber si alguno de estos cambios fue el detonante de un cuasi cisma que se produjo en la pareja. Sucedió cuando la amiga de mi amiga dijo que ellos creían en las 4 verdades del Islam, y mi primo la reprendió con un brillo asesino en los ojos: “Las 5 verdades”, la corrigió, y pasó a enumerarlas. Fue un momento tenso, acaso por el abandono de la dieta vegetariana, tal vez por el seminario inconcluso de Lacan, o quizás por esas divergencias en la cantidad de verdades que caben en una fe. Luego, la cosa se recompuso entre ellos, e incluso se terminaron el vino y las lentejas buenas (o sea, las nuestras).

Nunca más volví a verlos. Y desde aquella infausta noche desconfío del Islam, de Lacan, y de los que se proclaman vegetarianos pero sucumben ante un plato de lentejas como las que me enseñó a hacer mi abuela.

(Addenda para el consejo de la amiga Teresa: temo que si se estableciera una república islámica argenta, no me dejarían comer lentejas y me harían estudiar a Lacan).

Carlos Semorile

viernes, 8 de marzo de 2013

El rey de papel

Otro trabajo de Ojitos Producciones y Tikitiklip desde Chile / Visto en Paka Paka


domingo, 3 de marzo de 2013

Gramática de la Fantasía

Un aporte de Mónica al cuaderno de apuntes colectivo. Fragmento de un libro de Gianni Rodari.

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"El juego consiste en inventar e ilustrar una historia colectiva que puede ser estimulada por un mazo de cartas apropiado, preparado por el animador pegando sobre una cincuentena de cartulinas figuras e imágenes diversas recortadas de diarios o revistas. La lectura de estas imágenes es siempre diversa porque cada carta del mazo se relaciona con la precedente sólo a través de una libre asociación de ideas o mediante un juego de fantasía. El animador sentado en medio del círculo de niños hace elegir a uno de los niños una carta al azar: éste deberá interpretarla verbalmente iniciado así la historia colectiva. Su exposición le servirá para ilustrar, sobre una base blanca (con una pintura o con un collage), la primera parte de la historia, y al compañero siguiente, que deberá continuar la narración, interpretando a su vez otra carta, para relacionarla con el episodio precedente e ilustrando los acontecimientos narrativos igualmente con una pintura o un collage junto al precedente. El juego continúa hasta llegar al último niño. El resultado es un largo panel ilustrado por todos los niños, que podrán releer visualmente su historia colectiva. (…)

A mi parecer es un juego precioso. Tan bonito que quisiera haberlo inventado yo. Pero no tengo envidia de Franco Passatore y de sus compañeros: los he visto trabajar en Roma, durante una fiesta del diario L’Unitá. Conocen gran número de juegos de invención y disponen de una técnica de “animación” reafirmada con decenas y decenas de experimentos. Por ejemplo, dan a los niños tres objetos disparatados ­–una cafetera, una botella vacía, una zapa­– y con ellos los invitan a inventar y representar una pequeña escena. Es casi como inventar una historia con tres palabras, pero mucho mejor, evidentemente, porque los objetos ofrecen a la imaginación un soporte mucho más sólido que las palabras: se pueden mirar, tocar, manipular, extrayéndoles numerosas sugerencias fantásticas; la historia se puede desprender de un gesto casual; de un ruido… El carácter colectivo de la invención, además, no hace sino estimularla: entran en juego y se confrontan creativamente experiencias diversas, recuerdos y ritmos personales, la función crítica del grupo".

Fuente: Gianni RODARI, Gramática de la fantasía. Introducción al arte de inventar historias, Ed. Colihue/Biblioser. pp. 78-79 (cap. 23).

viernes, 1 de marzo de 2013

Chile: Viola Soto Guzmán - Premio Nacional de Educación



Una contribución de Luisa al cuaderno de apuntes colectivo

Conversando con Viola Soto Guzmán - Premio Nacional de Educación
Participación en Diálogo académico en torno a Educación y Pobreza.
2011
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Yo creo que represento  la vivencia de una larga historia de la educación, voy a cumplir 90 años y sigo trabajando en este campo.

Mi maestro principal fue don Juan Gómez Milla que me inserto en muchas aventuras que nos llevaron a enriquecer el sistema desde el Liceo Experimental Manuel de Salas que me marco para siempre. El liceo fue un verdadero pionero de la institución democrática,  construyendo   la educación conforme a los  principios democráticos de John Dewey, que era lo que se empezaba a desarrollar en nuestro país.

En mis comienzos como estudiante entré primero como practicante al Manuel Salas, y más tarde  profesora (después de ganar un concurso), y luego me eligió la comunidad como Coordinadora del  Liceo.

Viví una experiencia que he aplicado durante toda mi vida, y que ha resultado ser muy exitosa, porque me han llamado de muchas partes. Empecé en Honduras perfeccionando profesores y posteriormente me encontré en Venezuela haciendo el mismo  modelo experimental del liceo Manuel de Salas: Diagnóstico inicial para conocer la cultura y experiencias de los participantes, preparar un proyecto pertinente de programa a partir de ese conocimiento, presentarlo al curso pidiéndoles que hicieran sus aporte para luego constituir el programa definitivo, y así centrarme en una práctica dialógica con mis alumnos y la comunidad educativa.

En Honduras me  encontré con un país cuyos profesores  aún no habían logrado titularse como tales, lo que significaba una profunda necesidad de formación.  A pesar de eso acepté al Ministro  de Educación que me nombrara Asesora Técnica del Directorio de Educación, pero con una premisa, que me permitiera primero diagnosticar en terreno los problemas de profesorado y los estudiantes en sus propias escuelas.

En el fondo mi orientación consistía en considerar a todos los miembros de una comunidad en igualdad de condiciones, incluso a los alumnos, con el respeto y la admiración de su participación, y luego ver a directores como líderes de sus escuelas, y aprender lo que ellos necesitaban aprender.

En el Liceo Manuel de Salas también me encontré que había experimentadas profesoras y jóvenes profesoras que me enseñaron siempre. Por ejemplo: Yo hice la primera clase y puse números para la asistencia, y concurro  al  Consejo de Profesores y una profesora dice ¿quién puso números en el control de la asistencia?. Entonces digo; yo puse números, porque en el libro había un pequeño espacio; entonces me dice: “los alumnos no son números y hay que trabajarlos con respeto, y con  identidad, desde ahora en adelante cuando tu llegues a realizar clases debes tratarlos por su nombre Víctor, Manuel, María Etc…”

Esto me marcó profundamente, entré inmediatamente en algo que hoy día es el mismo enfoque educacional, en el que sigo trabajando,  el diálogo; pero un diálogo fuera del poder vertical, un diálogo en que tanto los profesores, los especialistas  y  los alumnos  participábamos,   incorporando a sus familias, y  entonces sin que se supieran las teorías científicas posteriores que han desarrollado la afectividad y el principio de inteligencia social, además del principio de la razón;  lo hice con una afectividad que surgía de mi comunicación con ellos  y que coincide con el pensamiento  de Varela y de  Maturana,  respecto de “la necesaria aceptación del otro como un legítimo otro para construir comunidad”, una afectividad que me surgía del aprendizaje que tuve con mi madre cuando la veía entusiasmada en sus tareas educativas.   Entonces construía una convivencia  y  experiencia en que esos alumnos o esos maestros con quienes  trabajé, se sentían pares míos y hablaban desde sus experiencias que íbamos transformando, comentando y compartiendo.

Mucho más tarde conociendo el trabajo de  Daniel Goleman, en su célebre libro: Inteligencia Emocional,  (1995), me emocioné comprobando que yo manejaba naturalmente muchos de los principios que él recomendaba, y que alumnos míos egresados en 1959 también recordaban la afectividad vivida por nosotros.  Con ellos aún mantengo esos vínculos afectivos, que se expresan en encuentros anuales hasta la fecha. Esto ha sido para mí algo muy significativo.

En el liceo no había especialistas más importantes que otros, desde el profesor de Artes Visuales, hasta el de Educación Física, de Filosofía, o yo como profesora de Historia, todos éramos iguales, y todos teníamos algún espacio dialógico en el cual podíamos hablar desde un proyecto común interdisciplinario con los alumnos y salir fuera de la escuela y conocer el ambiente en el que vivíamos.

Como ejemplo en su interrelación con la problemática de la realidad, por lo menos una vez al año se realizaba un Proyecto en que profesores y alumnos elegían una temática en que participaban las diferentes asignaturas. Así para el Mundial de Fútbol, que distraía a los alumnos en las clases consideramos necesario dedicarnos al Proyecto el Mundial del Fútbol, liderado por los y las  profesoras de Ed. Física,  al que aportamos todos los profesores de diferentes asignaturas.

Posteriormente, yo aprendí a trabajar con la teoría crítica que desarrolle posteriormente en todos los encuentros con diferentes grupos con  que trabajé desde el Pre grado al Postgrado y en los cargos que tuve con la UNESCO y la OEA entre otras instituciones.

Entre mis experiencias, yo trabajé siempre con toda la comunidad del liceo, me di cuenta de la importancia del Director, me di cuenta lo importante del coordinador, lo importante de  los profesores y de los alumnos,  y la importancia de los asistentes de la educación y la importancia de la gestión democrática con los apoderados, es decir con toda la comunidad educativa.

Como anécdota en uno de los cursos que fui profesora jefe comienzan a llegar los  apoderados, y llega un caballero que trabajaba en el comercio de la pescadería, y al llegar me pregunta donde me siento, a lo que respondo: aquí están todos los asientos disponibles, el que va llegando se sienta en la primera fila. Por último, llegó un administrador que trabajaba la dirección de la exportación chilena y quedó en el último asiento. Fuimos conversando y se produjo ese encuentro solidario, democrático en que todos se sentían  bien e iguales.

Yo conocí por primera vez en mi vida lo que significaba el aprendizaje  interdisciplinario y de convivencia democrática  de los maestros, en que todos participábamos, nos respetábamos y todos aprendíamos de todos, y desde ese primer instante descubrí como se aprende de otros cuando hay dialogo afectivo y cuando hay respeto sin considerar como enemigos a los que opinan distinto .

Cuando más adelante, salió la teoría de la neurociencia, yo me sentí realmente impresionada, ya que veía que todo lo que decía la teoría, ya lo habíamos practicado nosotros en el liceo, una relación entre las partes del cerebro: donde se da por un lado el trabajo racional, cognitivo; y por otra el trabajo creativo y también en otra parte el trabajo afectivo y la estrecha interrelación entre esas partes.

Más tarde incorporé  la teoría de sistema, y desde esa teoría yo empecé a penetrar en los diversos países en que hice clases,  donde era imposible hablar de educación sin entender lo que el poder político, económico, social y cultural había diseñado para los regímenes educacionales.  Por consiguiente, yo no podría en estos momentos hablar de todas las criticas que tengo acerca de los conflictos que estamos viviendo, sin recurrir a la Teoría de Sistema, gracias a esta aprendí que en este país, nosotros habíamos vivido una educación de búsqueda y creciente integración social y que habíamos aprendido mucho de ella, y del diseño del sistema del Estado Garante, que se apoyaba en el progreso de la ciencia que permitiría el desarrollo y la incorporación progresiva de la población en la educación.  Pero que luego se cortó violentamente  con la dictadura militar todo lo que habíamos construido en materia de educación democrática, y fuimos despedidos de nuestros cargos académicos, muchos que habíamos tenido larga experiencia educacional produciéndose una diáspora a todo el resto del mundo; mundo que se abrió en esos instantes para todos nosotros de manera extraordinaria;  el que llegaba a algún lugar se encontraba con los brazos abiertos, nos entregaban posibilidades de ejercer cargos superiores para América Latina, como yo ejercí en OEA en el Proyecto de Perfeccionamiento de Profesores de A. Latina.  Este pensamiento se sustentaba en lo mismo que aprendí en el liceo  Manuel de Salas. Resulto increíblemente positivo, porque ellos venían de distintos países con distintos niveles y aprendían que todos sentíamos respeto por todos, y  que el Diagnostico,  la  interdisciplina, el trato democrático y afectivo eran esenciales.

Más adelante se me encargo la investigación de la pobreza, junto a mi colega Abraham Magendzo que surgio de la propuesta de la Conferencia General de UNESCO en su 22ª  sesión para 1984 – 85, porque no había suficiente información para llegar a conclusiones.

Comencé por la literatura, que no era usada en las investigaciones, mucho más tarde empezó a usarse en el mundo de la revolución científica y tecnológica. Esta investigación fue un hito importante en mi vida.

No entiendo como estamos nosotros encarcelados dentro de un sistema, que emerge desde el Estado , y con un transfondo que no veo manejar en Chile; ya no se trata de hablar de postmodernidad o de modernidad. Se trata de hablar que vivimos en un cambio epocal, donde se mira la vida de la educación de modo diferente: la revolución científica tecnologica que emergio en los años 50, esa revolución científico tecnológica que nos lleva a  entender el momento actual en que estamos, porque me permite comprender como la informática surge, y como la globalización de esa revolución científico tecnológica implica entender a la comunidad como el eje mas importante de todos, y lleva a nuestros países a entender como la economía y la libertad económica presente en nuestras instituciones nos cambia toda la perspectiva en que trabajamos, y trae muchos errores.

Hay muchos que dicen que no podemos cambiar la influencia de nuestra economía en nuestra educación, pero en Chile se ha exagerado, y entonces la economía viene a ser el fin de toda comunidad educativa, y eso ha sido una marca que nos lleva a cometer muchos errores, porque ha subordinado los otros fines.

Cuando entra la Concertación, entra con un fin democrático de solidaridad y equidad, pero ya estaban amarrados en la constitución y las leyes de la dictadura; el paso del estado garante al estado subsidiario; entonces estamos viviendo una experiencia tremendamente difícil porque la economía es la que guía los principales asuntos de la educación, es la que nos trae muchos problemas en nuestros tiempo actual como la segmentación de la población en estratos diferentes impidiendo el aprendizaje intersocial y cultural que exige la integración de una nación.