viernes, 29 de septiembre de 2017

Querellas desde el peldaño



Se lo dije antes a la autora, y ahora lo hago público: me sentí “tocado” por esa referencia gratuita sobre nosotr@s l@s capricornian@s. ¿Qué es esa cosa prejuiciosa de catalogar a la ligera las respuestas que damos y el modo en que elegimos darlas? ¡Por favor! Parecen chimenteros del horóscopo, o algo peor aún, algo que no entra ni en un Mandala de dimensiones tan generosas como la Astrología misma.

Por otra parte, las cabras somos l@s leninistas del Zodíaco: si acaso bajamos un escalón, es para afirmar la parada, tomar impulso, y subir otros dos. En este punto, somos intransigentes: ¿o creen que es posible alcanzar la cumbre de la montaña vacilando como l@s librian@s? ¿O siguiendo direcciones “llenas de sentido”, pero profundamente contradictorias como l@s sagitarian@s? ¡Ay, duele de sólo pensarlo!

Recuerdo, además, haber dado una respuesta contundente desde lo alto de una escalera, la que llevaba de la casa de mis padres a la de mis tíos y primos. No tendría más de tres años y, mientras escalaba, desde abajo me llegaban voces familiares que me llamaban por mis distintos nombres y apodos. Gente tosca (¿arian@s?) que se sorprendió cuando les dije que no era ninguno de “ésos”: mi verdadero alias era “Pató”.

No pretendo realizar una refutación dramática, o doliente, basada en una teoría nominalista de vastos alcances y de profusa cepa filosófica. Apenas dejar asentado que aquello que llamamos identidad, y aquello otro que llamamos Astrología, deben ser tratados, extendiendo con delicada mano, el manto de un legado milenario, el mismo que puede ser contemplado como hogueras nocturnales que titilan en lo azul.

De aquellos sublimes polvos estelares, estos encharcados lodos terrenales donde somos capaces de sacarnos los ojos y, haciendo uso de una “lengua del ultraje”, hallar una réplica fulminante que enmudezca al ocasional adversario. ¿A quién no le ha pasado sentir que acuden todas las palabras, menos las correctas? ¡Ah, vanidad leonina del triunfo del fugaz ingenio por sobre los dones de la reposada inteligencia!

¿No mantiene “la chispa” un vínculo sinuoso -cuando no delictivo- con la verdad? ¿Y no está sujeta la injuria al calenturiento arrebato de las pasiones sin amor y sin destino? Como tod@s, pongo mis acciones bajo el ala protectora de una deidad desconocida y ausente, pero para mis palabras pretendo el cobijo del dios de la elocuencia. Si Mercurio me ampara, este capricorniano cumplirá su cometido, y cada respuesta habrá de llegar, tarde pero certera, a los peldaños de la querella.

Carlos Semorile.