jueves, 17 de agosto de 2017

"La palabra es siempre..."



En la Argentina se da una cosa muy curiosa: pese a que la mayoría del pueblo se reconoce en una identidad peronista, parte del aparato de divulgación y legitimación cultural está en manos de la izquierda. Esta izquierda suele dejar de lado páginas luminosas del pensamiento nacional, así como formidables documentos de la historia cultural del país argentino, amén de nombres, biografías, trayectorias y escritos de aquellos que, no por nada, han sido llamados “los malditos”. No se los ama porque no se los conoce.

Dentro de esa categoría está Eusebio Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, el seudónimo que usó como poeta, músico, letrista, creador, director y productor artístico de grupos de música nativa (como La Tropilla de Huachi-Pampa), y como libretista y animador de sus propios programas radiales (como “El Fogón de los Arrieros”). Además, Eusebio fue militante, periodista, escritor y pensador de la corriente nacional/popular.

Una buena introducción a su figura y a su obra, es leer parte de una entrevista en la que Eusebio Dojorti/Buenaventura Luna expresa una de sus ideas más persistentes: su fe en la palabra. Transcribimos:

“…yo estoy con los que creen que el de la palabra es el arte supremo. Ningún arte -y la escultura menos que las otras- puede prescindir de la palabra que lo exalte o lo describa; y que no pocas veces lo sugiere proporcionándole su propio aliento vital. Esto debe suceder sin duda a causa del íntimo sentido social, de la inevitable tendencia a lo social de todas las artes. Y después de todo, ¿acaso la palabra no es dibujo, forma y color, y también música en el aire?
-Efectivamente. Todas las artes y hasta la Naturaleza misma se enriquecen con la palabra como arte. Y en un sentido más amplio, la palabra señala la superioridad del hombre sobre todas las especies.
-Si no fuera por la palabra -prosigue Luna-, el hombre no hubiera experimentado jamás la necesidad de pensar. Ella no sólo lo ha liberado sino que lo ha elevado por sobre el instinto, aproximándolo a la noción milagrosa o, más todavía, a la sublime idea salvadora de la existencia de Dios.
-Creo haberle oído decir hace un instante algo así como que ‘la palabra es siempre’...?
-Sí. Al principio, en el medio y al final. Después de contemplar la Naturaleza o de estimar cualquier obra de arte (y esto equivale a asignar a la palabra el papel de gran animadora de la vida), se hace más que necesario, inevitable decir algo. Se me ocurre que sólo la palabra es capaz de dar a la inteligencia y a los sentidos la exacta dimensión satisfactoria de todos los valores del espíritu. No sólo es el menos rígido, sino el más flexible, el más libre y noble de los elementos de que puede disponer un artista. Al describir un prado soleado y sonriente o un bosque umbroso y nocturno como al discurrir sobre la gregaria actividad del hombre, Cervantes es músico sin Wagner, pintor sin Leonardo, escultor sin Miguel Ángel y, finalmente, eximio representador de lo fabuloso en y ante el retablo de maese Pedro, lo mismo que insigne animador de danzas maravillosas sólo por él imaginadas…”. 
Podríamos contar muchas cosas de Eusebio, así como de sus aportes políticos/culturales a la matriz cultural mestiza. Pero creemos que, tratándose de Nuestro Querer, alcanza con este “credo dojortiano” en la palabra:

“Yo tengo de la palabra
sentido claro y diverso.
A veces se me hace canto
porque la entiendo a la vida
como una canción perdida
en medio del Universo.”

Carlos Semorile